Las ventas minoristas no repuntan: marzo cerró con caída y ya suman 11 meses en baja
La actividad comercial de las pequeñas y medianas empresas continúa sin lograr una recuperación en su nivel de operaciones. Al cierre de marzo, las ventas minoristas registraron una contracción interanual que profundiza la tendencia a la baja del sector. Según el último relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), el sector encadenó 11 meses consecutivos con saldos negativos, acumulando un retroceso del 3,6% en el primer trimestre de este año.
El informe de la entidad destaca que la persistente erosión del poder adquisitivo y el incremento de los costos operativos han reducido los márgenes de rentabilidad, obligando a los comerciantes a depender de promociones para sostener el giro del negocio.
El análisis sectorial revela que cinco de los siete rubros medidos mostraron variaciones negativas. La caída más pronunciada se localizó en el segmento de perfumerías, con un desplome cercano al 10%, afectando el volumen de las ventas minoristas globales. En contraste, los rubros de ferretería y farmacia lograron crecimientos moderados, impulsados por demandas estacionales.
Desde la CAME señalan que este intercambio mercantil directo se ha visto condicionado por el inicio del ciclo lectivo, que desplazó el gasto hacia productos de primera necesidad, observándose una marcada migración de los consumidores hacia segundas marcas para ajustarse a la disponibilidad diaria de dinero.
La coyuntura actual ha modificado las percepciones de los propietarios de locales, ya que la debilidad en las ventas minoristas hace que casi el 60% de los encuestados considere que el escenario no es propicio para nuevas inversiones. Si bien una parte de los comerciantes mantiene la expectativa de una mejora, la realidad del mostrador refleja una conducta de compra cautelosa donde este despacho comercial al público depende del financiamiento en cuotas.
De acuerdo con el reporte, la competencia de canales informales y el alza en servicios complican la sostenibilidad de los comercios tradicionales, que aguardan una estabilización de precios para revertir la tendencia contractiva.


