Golpe a las expectativas: el FMI revisó sus pronósticos para Argentina y complica el escenario económico
El FMI recortó medio punto porcentual su pronóstico de expansión para la economía de Argentina durante el presente año, situando el avance del PBI en un 3,5%. Según el último informe de Perspectivas Económicas Globales (WEO), analizado por TN, esta revisión responde al impacto de la guerra en Medio Oriente, generando una suba en la inflación anual promedio al 30,4%.
Esta actualización de la institución financiera refleja una preocupación por la erosión de los ingresos reales en un contexto de precios de materias primas al alza y una actividad doméstica que mostró signos de debilidad desde finales del ciclo previo.
Durante la presentación de los datos, Petya Koeva Brooks, del organismo de Washington, explicó que la debilidad de la actividad en el cierre del año pasado condicionó las metas actuales. A pesar de los desafíos, el FMI espera que el proceso de desinflación continúe de forma gradual, aunque a un ritmo más paulatino de lo previsto originalmente.
La funcionaria remarcó que la condición de exportador energético del país no logra compensar totalmente el impacto global del encarecimiento de los insumos básicos, lo que termina presionando los costos internos. Para el próximo año, se mantuvo una expectativa de crecimiento del 4%, con una proyección de desaceleración del índice de precios hacia el 15,7%.
En un plano global, el FMI advirtió que el conflicto bélico interrumpió una fase de dinamismo sostenido, forzando una reducción del crecimiento mundial al 3,1%. Desde la entidad alertaron que la incertidumbre y el alza en los combustibles podrían derivar en políticas monetarias más rígidas y un clima financiero que aleje las inversiones hacia activos de menor riesgo. El informe subraya que la magnitud del impacto dependerá de la normalización del transporte y la producción energética tras las hostilidades en la región en conflicto.
Finalmente, el FMI instó a los países a proteger la estabilidad financiera y acelerar reformas estructurales ante el riesgo de una crisis energética de escala histórica. El reporte consideró que, ante movimientos desordenados del tipo de cambio, pueden justificarse intervenciones temporales siempre que estén respaldadas por una conducta fiscal rigurosa.
En este escenario, la prioridad absoluta para las economías emergentes debe ser preservar la sostenibilidad de las cuentas públicas y mitigar el impacto social de la suba de precios generalizada.


