Desde Sierra Chica y Merlo: desbarataron una banda que hacía extorsiones virtuales
Hace un tiempo, comenzó una gran investigación debido a denuncias de mujeres víctimas de estafas sexuales que se unieron para presentar la denuncia y, sin saberlo, estaban dándole inicio al fin de una organización que operaba desde dos cárceles bonaerenses. Uno de los operativos era en Sierra Chica, mientras que el segundo se dio en Merlo.
La División Investigaciones Tecnológicas Especiales de la Policía de la Ciudad, con el aval de la UFIJ N°8 de Berazategui, llevó adelante los procedimientos. Según la causa, los delincuentes que estaban en Sierra Chica o Merlo contactaban a las víctimas a través de redes sociales como Instagram y TikTok, ofreciéndoles falsas oportunidades laborales como modelos de ropa interior.
El modus operandi consistía en que uno de los reclusos se hacía pasar por productor de modas y pedía fotos o videos con la excusa de probar talles. Luego, con ese material, los extorsionaban para realizar videollamadas sexuales bajo amenaza de difundir las imágenes a familiares o compañeros de colegio. En otros casos, creaban perfiles falsos para simular ser policías y exigir dinero a hombres acusados de conversaciones con menores, tal como ocurrió con el gendarme Rodrigo Gómez, que se suicidó en Olivos.
Las víctimas, muchas de ellas menores de edad, también eran ofrecidas fraudulentamente como supuestas prostitutas en redes sociales. El líder de la banda, alojado en Sierra Chica, y su cómplice en Merlo, fueron identificados como los principales responsables, con antecedentes por delitos similares cometidos en la Unidad Penitenciaria de Lisandro Olmos.
Las autoridades remarcaron que, en algunas ocasiones, las parejas de los internos también colaboraban con la maniobra, poniendo su cuenta bancaria a disposición para recibir el dinero de las extorsiones. Así se dio un nuevo golpe a una organización que utilizaba la tecnología para delinquir desde prisión.
True Crime Community: la subcultura digital que preocupa a las autoridades
El caso del alumno que mató a un compañero en San Cristóbal expuso la influencia de la llamada «True Crime Community» (TCC), una red internacional que glorifica crímenes reales y tiroteos masivos. Según el gobernador Maximiliano Pullaro, y la ministra Alejandra Monteoliva, el joven participaba de estos espacios digitales donde se veneran asesinatos y delitos violentos.
Las autoridades explicaron que estas comunidades funcionan en etapas: primero difunden material en foros abiertos, luego migran a grupos cerrados en plataformas como Discord o Telegram, y finalmente algunos integrantes planifican ataques para imitar a los criminales que admiran. La franja etaria más vulnerable es la de 13 a 19 años, lo que plantea el desafío de detectar estas conductas de manera temprana en entornos digitales difíciles de monitorear.

