Ausentismo escolar en aumento: crecen las faltas y preocupa el impacto en el aprendizaje
El sistema educativo argentino enfrenta un desafío crítico debido al ausentismo escolar en aumento, un fenómeno que ya afecta a la mitad de los estudiantes del último año del nivel secundario. Según un reciente informe de la organización Argentinos por la Educación, basado en datos de las pruebas Aprender, que consignó Infobae, el 51% de los alumnos de ese segmento reconoce haber faltado 15 días o más durante el ciclo lectivo, lo que representa un incremento de siete puntos respecto a mediciones previas.
El Gobierno nacional y las jurisdicciones provinciales observan con inquietud esta tendencia, ya que la inasistencia estudiantil no solo debilita el aprendizaje y los procesos de alfabetización inicial, sino que suele ser el paso previo a la deserción definitiva de las aulas.
A pesar de que el país aún no cuenta con un sistema nacional unificado de información nominal, las estadísticas de autorreporte indican un desplazamiento hacia patrones de falta de presencialidad más severos. Mientras que el grupo de alumnos con faltas moderadas descendió, aquellos con inasistencias graves, de 30 días o más por año, han ganado terreno.
Para los directivos escolares, el ausentismo escolar constituye el obstáculo principal para la enseñanza, superando incluso preocupaciones como los bajos logros académicos o la impuntualidad. El debate actual se centra en la multicausalidad del problema: el 62% de los jóvenes atribuye sus faltas a problemas de salud, mientras que un 39% menciona la desmotivación o la falta de interés por concurrir.
Ante esta realidad, se han activado estrategias diferenciadas en las principales provincias para combatir la deserción temporal. Buenos Aires, donde el promedio de inasistencias en secundaria alcanza los 32 días anuales, implementó un plan de fortalecimiento de la concurrencia que busca reconstruir el vínculo pedagógico y mejorar el seguimiento digital de los alumnos.
Por su parte, la Ciudad de Buenos Aires endureció el régimen académico, reduciendo el tope máximo de faltas permitidas a 20 por año para intentar revertir la intermitencia provocada por el ausentismo escolar. Especialistas como Bruno Videla y Sandra Ziegler, citados por el portal Informativo, advierten que la irregularidad es solo la superficie de una crisis de valoración social de la escuela, donde la falta de límites claros y la flexibilización de los regímenes de promoción terminan profundizando la desigualdad educativa.

