¿Ya pensaste qué persona mayor espera tu visita estas vacaciones?
Las vacaciones duran apenas unos días. Los recuerdos que construimos junto a las personas mayores permanecen para toda la vida.

Hay una escena que se repite en muchas casas tucumanas durante las vacaciones de invierno: los chicos preparan el bolso, organizan las salidas y cuentan los días para disfrutar del receso. Y, en algún rincón de la familia, una persona mayor espera, sin decirlo en voz alta, que estos días libres también sean una oportunidad para compartir tiempo con quienes más quiere.
Según el Censo Nacional 2022, en Tucumán viven 253.464 personas mayores de 60 años, lo que representa el 14,6 % de la población provincial. Es decir, una de cada siete personas en nuestra provincia es mayor de 60 años. Detrás de ese número hay historias, afectos y trayectorias de vida: son nuestros padres, madres, abuelos, vecinos y amigos. Por eso, estas vacaciones pueden ser una invitación a pensar el tiempo libre no solo en función de los más chicos, sino de toda la familia.
Como gerontóloga y mediadora familiar, sostengo desde hace años que las personas mayores no necesitan grandes regalos. Muchas veces necesitan lo más sencillo: una charla sin apuros, un mate compartido, una caminata, escuchar las risas de sus nietos o sentirse parte de una conversación familiar. En una provincia donde una de cada siete personas tiene más de 60 años, compartir tiempo con ellas deja de ser solamente un gesto de afecto. También es una forma de fortalecer los vínculos familiares y construir una comunidad más solidaria.
Los encuentros entre generaciones benefician a todos. Las personas mayores transmiten historias, valores y experiencias que ayudan a construir la identidad familiar; los más jóvenes aportan nuevas miradas, entusiasmo y compañía. En ese intercambio no solo se fortalecen los vínculos: también se construyen recuerdos que permanecen mucho después de que termine el receso escolar.
Pero estas vacaciones también pueden ser una oportunidad para mirar de frente una realidad que muchas veces permanece en silencio: el cuidado cotidiano de las personas mayores.
En numerosas familias, esa responsabilidad recae casi por completo sobre una sola persona. Mientras algunos disfrutan de unos días de descanso, otros continúan organizando medicamentos, acompañando consultas médicas, preparando comidas, realizando trámites y resolviendo cada necesidad diaria. Compartir esas tareas —acompañar una tarde, hacer las compras, preparar una comida, llevar a un control médico o simplemente quedarse unas horas conversando— puede aliviar una sobrecarga que, sostenida en soledad, termina agotando física y emocionalmente a quien cuida.
En mi trabajo de investigación denomino a esta realidad el conflicto invisible del cuidado. No siempre se manifiesta en discusiones o enfrentamientos. Muchas veces aparece como agotamiento, culpa, silencios o falta de comunicación entre hermanos y otros integrantes de la familia. El amor está presente, pero cuando el cuidado recae sobre una sola persona, muchas veces no alcanza. Hablar de estas situaciones, distribuir responsabilidades y pedir ayuda no debilita los vínculos familiares; por el contrario, los fortalece.
Cinco gestos simples para estas vacaciones
- Visitar a una persona mayor y dedicarle tiempo de calidad.
- Escuchar una historia de su vida o mirar juntos fotografías familiares.
- Compartir una merienda, cocinar una receta o dar un paseo.
- Preguntarle cómo desea ser acompañada y respetar sus decisiones.
- Conversar en familia sobre cómo distribuir de manera más equitativa las responsabilidades del cuidado.
Las vacaciones terminarán en pocos días. Los recuerdos compartidos con quienes nos cuidaron durante gran parte de nuestra vida permanecerán para siempre. Quizás este invierno el mejor plan no sea un paseo ni una compra de último momento, sino una visita, una conversación o un abrazo.
Porque regalar tiempo también es una forma de decir gracias.
Sobre la autora
Lic. Sonia Mabel Toledo es Licenciada en Trabajo Social, Licenciada en Mediación y Resolución de Conflictos y Magíster en Gerontología. Es autora del libro El laberinto del cuidado. Cuando el amor no alcanza, obra en la que aborda los desafíos familiares del cuidado prolongado de las personas mayores. Investiga sobre envejecimiento, cuidado y mediación familiar, y presentó su trabajo «El conflicto invisible del cuidado: aportes de la mediación familiar al envejecimiento digno» en el 3.er Congreso Mundial de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, realizado en San Sebastián, España.



