Viajes, noche, venganzas, traiciones, nervios y un ruego de Maradona: Eva Anderson y Demichelis, el gran escándalo del Mundial 2010
Sudáfrica, que pintaba para ser el paraíso de los futboleros nacidos en la Argentina, terminó siendo el infierno tan temido. Y una sucursal del manicomio. Sin exagerar, uno de los escándalos que salpicó a esa delegación tuvo dimensiones bíblicas.
La participación Argentina en ese Campeonato Mundial de futbol duró 21 días, los que fueron del 12 de junio, la tarde del debut con triunfo 1-0 ante Nigeria, vieja conocida en este tipo de certámenes, hasta el 3 de julio, cuando en la fatídica mañana de un sábado bastante frío los tanques alemanes destrozaron las ilusiones albicelestes: el 4-0 con el que nos despacharon los teutones -luego derrotados por España en el partido siguiente, el de las semifinales- fue lapidario y demoledor.
Las esperanzas las habían alimentado tres resultados positivos y un rendimiento muy interesante en cada uno de ellos. Al triunfo contra las aguilas verdes africanas siguió una goleada 4-1 contra Corea Del Sur (con triplete del Pipita Higuain) y un holgado y cómodo 2-0 contra Grecia en el cierre de la primera fase. Esa vez, el que anotó uno de los tantos fue Martín Palermo, máximo goleador de la historia de Boca. Los octavos de final contra México no fueron sencillos, pero el 3-1 final dejó menos dudas que algunos fallos de un árbitro, el italiano Roberto Rosetti, que favoreció a la Argentina con un desparpajo que enloqueció a los aztecas.
Hasta que llegaron los cuartos de final, y Alemania se hizo un picnic con Argentina. A los 3 minutos los europeos ya se imponían 1-0, marcador con el que transcurrió y terminó el primer tiempo. En la segunda parte llegó la debacle. Los germanos se volvieron incontenibles e incontrolables y a los nuestros no les salió una. Los goles fueron llegando como puñalada trapera uno tras otro. Pararon en 4, pero podrían haber sido más.
Fueron en total 5 partidos, con 4 victorias, 1 derrota, 10 goles a favor, 6 en contra, el liderazgo en el grupo y una dolorosa eliminación en cuartos de final.
Sin embargo, ninguno de todos esos datos alcanzó la dimensión del más saliente y recordado que dejó ese mundial, el mundial Sudáfrica 2010: el director técnico de la Selección Argentina fue nada más y nada menos que Diego Armando Maradona, con todo lo que eso podía representar. Después de los ríos de tinta y saliva que se gastaron a lo largo del tiempo sobre esa circunstancia, solo se dirá aquí que fue un estricto acto de justicia para el más grande de todos los tiempos.

LA PREOCUPACION DE MARADONA
El seleccionado argentino concentró en un predio bastante bien puesto de la ciudad de Pretoria. En los días previos al debut, en la cabeza de Maradona habitaba una inquietud que fue creciendo a medida que los entrenamientos le mostraron una realidad que no esperaba. Martín Demichelis, un zaguero recio desde siempre y que parecía más recio aun desde que jugaba en el poderoso Bayern Munich alemán, uno de los titulares indiscutido en cualquiera de sus planes, un verdadero pilar del equipo, no rendía como tenía acostumbrados a todos.
Es allí, en ese punto, donde entran en escena los rumores, las versiones, los mitos y las leyendas, como la que dice que el Diego convocó a Ariel Garcé porque una vuelta lo soñó levantando la Copa del Mundo.
-Mancu, vos sabés qué le pasa a este pibe… porque no lo veo bien.
-Sí, Diego, está con algunos quilombos personales. Está medio separado de la mujer, y encima parece que ella es brava y no vino acá, está en Argentina.
-Uy no me digas, qué macana…
-Seee, y parece que el pibe está que camina por las paredes porque le llegan versiones, ¿Viste? Y él por ahí se hace el boludo, pero se entera de todo. El está concentrado y ella está libre… ¿Entendés?
-Pero cómo no voy a entender! Juto a mi me decís! Hay que solucionar esto, hay que hacer todo lo posible para que la jermu venga para acá. ¿Te encargás?
-Pero sí, claro.
Por supuesto que el diálogo está ficcionado. Pero la situación fue real. Y además la mujer de Martín Demichelis no era una mujer común y silvestre. Era Evangelina Anderson, Eva, la que se había animado a colgar para siempre el delantal de maestra jardinera con tal de ser bailarina de un grupo de cumbia, la que tocada por la varita mágica de Paparazzi se convirtió en vedette, la prima de Wanda, la pareja de un brasileño, la de los problemas explosivos con algunas colegas, la que cuando se transformó en «botinera de primera», cuentan, dejó de darle bolilla a todos los que la acompañaban cuando vivía en el cornurbano.
Y así, dice la historia nunca confirmada del gran escándalo de Sudáfrica 2010, Mancuso hizo todo el «teje y maneje» para convencer a Eva de que abandone Buenos Aires y aparezca en Sudáfrica.


EN BUENOS AIRES, A 8125 KILOMETROS DE PRETORIA
Acá se contaban otras versiones. Se decía, por ejemplo, que aquella vida de ensueño y de música aterciopelada veinticuatroporsiete que se le asignaba a Anderson en Baviera, una de las regiones más prósperas de Alemania, Europa y el mundo todo, era más una fantasía que una realidad. No porque las ventajas de vivir allí no fueran ciertas, sino porque ella se venía bancando algunas «cuestiones» de su marido.
En Alemania, decían los chimentos, él famoso era él, no ella. El admirado era él, no ella. Los autógrafos y las fotos se las pedían a él, no a ella. Ella estaba dedicada a la casa, a los chicos, a la familia, a los quehaceres del hogar, y él era la estrella, uno de los baluartes de un Bayern Munich arrasador. Para colmo con pinta de galán de cine. Y super exitoso.
En la traducción: lleno de dinero. Difícilmente a un hombre así, con esas cualidades, les falten mujeres en Alemania, en la Argentina o en el Congo belga. Y Anderson, se insiste todavía hoy, no era tonta. Podía hacerse la bo…hemia. La desentendida. La que no se enteraba de las cosas, pero cada sospecha -se sostenía en ese entonces- sumaba su granito al granero de la revancha.
Con esa sed llegó Eva al país. «Está medio desatada» se decía en los programas de chimentos de la época. «Se la vio de noche pasándola bien». Y cuando aparece la palabra noche no se habla nada más que de un período de tiempo que puede ir desde las 19 o las 20 de un día hasta las 5 o las 6 del otro. También se fantasea con boliches, frensí, baile, tragos, descontrol, fiestas, música, cuerpos desenfrenados, hombres, mujeres, placer, lujuria, gozo, excesos, tentaciones.
Y todo eso llegaba a oídos de Demichelis, y lo distraía. Aunque enfrente estuviera en Maradona, él tenía la cabeza en otra cosa. En esas jornadas transpiradas de la noche porteña, de la que estaba a 8125 kilómetros.

EL ACCIDENTE
Las versiones se vuelven más borrosas y más difusas y más confusas aun con un tema que nunca pudo ser aclarado y del que jamás se dio un testimonio oficial. Solo alguna info que misteriosamente desapareció sin dejar rastro y al calor del silencio de todos los que estuvieron involucrados directa o indirectamente. Esto es solo lo que se puede rastrear de aquel suceso.
*Una madrugada.
*Un auto lanzado a toda velocidad.
*Dos ocupantes. Un morocho y una rubia, juguetones, efervescentes.
*Un accidente. Ni muy violento ni menor.
*Un herido, él, atendido de inmediato por su condición de hijo de alguien muy famoso y con mucho, muchísimo poder.
*Una ilesa, ella, la rubia, que escapa del lugar ante el temor de ser identificada y que eso le cause problemas en casa.
*Un hombre, que no estaba en el auto, que se llena de preocupación, nervios y sospechas en un momento crucial y trascendente de su vida profesional, y desborda de tensión a quienes estaban con él.
*Un pedido, urgente, para que alguien deje esas licencias y haga un viaje urgente.


LA PICASESOS
Juan Carlos Demichelis, el padre de Martín, era un hombre de campo. Sabía de sembradíos, de cosechas, de animales, de laburos esforzados y de jornadas interminables pero no entendía ni jota de televisión. Nada. Cero. Por eso es probable que la gente de AM, el recordado programa de Vero Lozano y Leo Montero, lo haya agarrado con la guardia baja cuando le preguntó por su nuera en pleno mundial.
«Si querés en privado te digo lo que pienso. Me gusta aconsejar a mi hijo, cuando veo que va por mal camino se lo digo» los sorprendió con su tono campechano el hombre que encontraría la muerte dos años y medio más tarde, en enero de 2023, en un accidente de autos que terminó con su vehículo incendiado.
«Hay mujeres que todavía no entienden que lo que hace él es un trabajo, y que no podes estar llamándolo cada cinco minutos para saber qué está haciendo. En una pareja, si vos ponés dos caballos y los tirás para el mismo lado va a andar, si tirás para lados distintos, va a estar todo mal» dijo Demichelis padre para asombro de todos.
Como si estuviera hablando en un bar de Justiniano Posse, el pueblo de Córdoba donde los Demichelis son los habitantes más famosos, Don Juan Carlos se largó con todo en contra de Eva, que aun permanecía en la Argentina. «Es una picaseso, yo no quería que vaya a Sudáfrica porque lo iba a desconcentrar». Si vien perdió vigencia, la frase aun pertenece al «acervo cultural» de la farándula argentina.

CUANDO PA SUDAFRICA ME VOY
Las charlas y las gestiones dieron resultado. Demichelis reforzó su rendimiento y fue titular en todos los partidos que jugó Argentina. Levantó mucho tanto su ánimo como sus actuaciones y hasta metió un gol, el primero en la victoria frente a Grecia en el partido que cerró la participación Argentina en la ronda de grupos.
Anderson, que estaba participando del Bailando, se ausentó del programa de Tinelli para ir, finalmente, a Sudáfrica. Desembarcó allí y rápidamente se acopló al grupo de mujeres de los jugadores de la selección. Nadie quiso saber nada. Se dice, incluso, que hasta hubo no una orden sino una sugerencia de no hacerle preguntas incómodas cuando llegara.
Hace cosa de entre un año y medio y dos años, Eva y Demichelis terminaron ropmpiendo en medio de un escándalo infernal que incluye mujeres al por mayor. El dirigió en España y ha presentado nueva pareja, y ella flirteó con Ian Lucas pero no prosperó. Llegarán separados cuando en un puñado de días empiece a jugarse el Mundial 2026.
La historia se repite, pero esperemos que esta vez con mejores resultados.




