Turismo sin servicios: el discurso oficial choca con la realidad en San Pedro de Colalao
Mientras el gobernador Osvaldo Jaldo convocaba públicamente a “venir a disfrutar San Pedro de Colalao y no a renegar por la falta de servicios”, la realidad en la villa turística parece ir en sentido completamente opuesto. Ni los turistas, ni los emprendedores, ni los propios vecinos pueden “desconectarse de los problemas” cuando esos problemas se sienten en el aire, literalmente.
Los testimonios de los feriantes son contundentes. Emprendedores que sostienen la temporada con esfuerzo propio denuncian convivir diariamente con líquidos cloacales provenientes —según relatan— de pozos colapsados de la hostería El Colonial, que descargan aguas contaminadas sobre la vía pública. El resultado es previsible: turistas que se retiran, visitantes que se quejan, familias que evitan el lugar y trabajadores obligados a desempeñar sus tareas en un entorno que describen como “insalubre” y “asfixiante”.
A esto se suma otro problema no menor: el silenciamiento. Feriantes aseguran que desde la coordinación de la feria, a cargo de Cecilia Méndez, no se permiten reclamos ni quejas, aun cuando la situación se repite desde el inicio de la temporada y afecta incluso a niños que circulan diariamente por el predio.
La contradicción es evidente. Se promueve un turismo idealizado en los discursos oficiales, pero se desatienden las condiciones básicas que hacen posible esa experiencia. ¿Qué tipo de turismo se pretende construir si no se garantiza lo mínimo? ¿Qué imagen de Tucumán se proyecta cuando los espacios turísticos conviven con contaminación y abandono?
Una vez más, el interior queda relegado. Una vez más, las inversiones y las soluciones parecen concentrarse en los mismos destinos de siempre, mientras localidades como San Pedro de Colalao sostienen su temporada a fuerza de sacrificio comunitario y tolerancia al abandono estatal.
Las imágenes y mensajes enviados por los propios trabajadores de la feria no dejan lugar a dudas: el problema existe, es grave y requiere intervención urgente. No se trata solo de turismo, sino de salud pública, condiciones laborales dignas y respeto por quienes viven y trabajan en el interior tucumano.
Visibilizar esta situación no es “renegar”: es exigir lo básico. Y si cuidar lo propio es condición para recibir visitantes, hoy San Pedro de Colalao está siendo dejado a su suerte.



