Tucumán:¿El hombre indicado, en el momento indicado?

Tucumán:¿El hombre indicado, en el momento indicado?

En la columna del periodista Máximo García Hamilton, publicada en Qué Diario con el título original “¿El hombre indicado, en el momento indicado?” (25 de abril de 2026), se plantea una reflexión profunda sobre el agotamiento político en Tucumán y la irrupción de una figura dispuesta a disputar el poder. En un contexto de resignación provincial, aparece alguien que no solo critica, sino que se anima a transformar.

La nota completa:

Durante décadas, Tucumán fue mucho más que una provincia. Fue símbolo, fue origen, fue epicentro de decisiones que marcaron el destino de la Argentina. Aquí no solo se declaró la Independencia: aquí nació una idea de país. Y de esta misma tierra surgió Juan Bautista Alberdi, quien redactó las bases que dieron forma a la Constitución Nacional y al modelo institucional argentino.
Tucumán supo ser sinónimo de coraje político, de protagonismo histórico, de una sociedad que no esperaba órdenes, sino que las generaba.Pero ese Tucumán quedó atrás.
Con el paso del tiempo, la provincia fue perdiendo su impulso vital. La política, que debía ser herramienta de transformación, se convirtió en un sistema de administración de la decadencia. Oficialismo y oposición se acomodaron en un equilibrio estéril, donde el poder dejó de ser un medio para el progreso y pasó a ser un fin en sí mismo.
Así, Tucumán dejó de discutir su destino y empezó a resignarse a él.

La vocación de poder

En ese contexto, lo verdaderamente escaso no era el discurso crítico, sino la vocación real de poder. Porque enfrentar al poder no es solo denunciarlo: es estar dispuesto a reemplazarlo.
Y ahí es donde aparece un punto de quiebre.
Por primera vez en décadas, emerge en Tucumán una figura que no solo interpela al oficialismo, sino que lo desafía desde un lugar distinto: con la decisión concreta de disputar el poder y ejercerlo. No desde la comodidad de la crítica permanente, sino desde la incomodidad de quien está dispuesto a transformar.
Esa figura es Lisandro Catalán.
Su irrupción no es un hecho aislado, sino el síntoma de un cambio más profundo: el agotamiento de un modelo político que ya no ofrece respuestas y la aparición de una nueva generación que no está dispuesta a administrar la inercia.
Catalán encarna algo que Tucumán había perdido: la voluntad de poder como motor de cambio.

Una comparación incómoda

No se trata solo de una persona, sino de lo que representa. Representa el rechazo a una lógica política que naturalizó el atraso. Representa la decisión de volver a discutir en serio el rumbo de la provincia. Representa, en definitiva, la posibilidad de que Tucumán deje de mirar su pasado con nostalgia y empiece a proyectar su futuro con ambición.
Las sociedades no cambian cuando todos están de acuerdo. Cambian cuando alguien rompe el equilibrio, cuando alguien desafía lo establecido, cuando alguien se anima a disputar lo que parecía inamovible.
Tucumán está, quizás, frente a ese momento.
Pero hay algo que, en lo personal, vuelve inevitable esta reflexión.
La historia tucumana tiene nombres propios; Juan B. Terán y Alberto García Hamilton, ligados a la creación de instituciones como la Universidad Nacional de Tucumán y el diario La Gaceta a principios del siglo XX.
Desde ese lugar, mirar hacia atrás no es un ejercicio nostálgico, sino una comparación incómoda entre el Tucumán que generaba prestigio y el que hoy parece haberlo resignado.

Una discusión sobre el destino

La historia demuestra que los pueblos no están condenados a la decadencia, pero tampoco se salvan por inercia. Necesitan liderazgo, necesitan decisión, necesitan voluntad.

Fuente. Qué diario 

 

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