Soledad Pastorutti se quebró de emoción por las palabras de un participante de «La Voz Argentina»
La música tiene el poder de conmover, de conectar almas a través de una melodía, de una historia, de una voz. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el último programa de La Voz Argentina, cuando Gustavo Rosales, un participante de raíces folclóricas profundas, logró emocionar hasta las lágrimas a Soledad Pastorutti.
Su interpretación, su historia de vida y una anécdota personal con Soledad Pastorutti convirtieron su audición en uno de los momentos más conmovedores de la temporada. Gustavo Rosales, tucumano de nacimiento y radicado en Córdoba desde hace años, subió al escenario con una versión sentida de la zamba “Como flor del campo”.

Desde los primeros acordes, su voz cálida y afinada capturó la atención de los cuatro coaches, que giraron sus sillas casi al unísono. Pero fue Soledad quien no pudo contener la emoción. “Es muy difícil encontrar personas que tengan tanto sentimiento pero a la vez tanta perfección al cantar. No es que por el sentimiento olvidaste afinar… Me hiciste muy feliz, me emocionaste, felizmente emocionada”, expresó la artista santafesina con la voz entrecortada y los ojos vidriosos.
Rosales, de 51 años, compartió con el jurado y el público una historia de vida marcada por el esfuerzo, la familia y el amor por el folclore. “La familia es todo. La familia es mi universo”, dijo en la entrevista previa a su presentación. Su madre y su hermano viajaron especialmente desde Tucumán para acompañarlo en esta experiencia que él definió como “un sueño hecho realidad”.

El participante relató que su vínculo con la música comenzó en los actos escolares de su infancia, y que desde entonces el folclore se convirtió en el motor de su vida. Su hija Agostina, también presente en el estudio y exconcursante del certamen en 2018, lo definió como “la persona que me regaló la música y la capacidad de decir lo que siento”.
Pero el momento más emotivo llegó cuando Rosales explicó por qué había decidido elegir a Soledad como su coach. “Traigo ese recuerdo y así lo imaginé, de verte revolear el poncho la primera vez arriba de un escenario. Me emocioné tanto de verte, porque yo andaba ahí con mi banda por las calles del Cosquín, cantando callejeramente. Cuando escuché ese alarido, cuando revoleaste todo, estaba ahí”, contó con la voz quebrada.
Emoción
Y entonces, con una sonrisa tímida y los ojos llenos de lágrimas, dijo la frase que hizo estallar el estudio: “Mi corazón te elige, Soledad”. La artista no pudo contenerse. Se levantó de su silla, corrió hacia él y lo abrazó con fuerza. “Gracias por esto. Gracias por recordarme por qué hago lo que hago”, le susurró emocionada.
Más allá de la elección del coach, el momento entre Rosales y Pastorutti fue una celebración del folclore, de la memoria colectiva y del poder de la música para unir generaciones. La conexión entre ambos fue inmediata, sostenida en la pasión compartida por un género que representa mucho más que un estilo musical: es identidad, es raíz, es historia.
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