Sanatorio Central: cuando la salud en Tucumán pierde humanidad
Hay lugares que no solo enferman el cuerpo: erosionan la dignidad. El Sanatorio Central de Tucumán aparece, según denuncias reiteradas y opiniones públicas, como uno de esos espacios donde el trato humano es la excepción, especialmente cuando se trata de pacientes afiliados al PAMI.
Basta con recorrer los comentarios en Google —donde la clínica apenas supera una estrella de calificación— para encontrar un mismo reclamo que se repite: destrato a personas mayores, silencios médicos, indiferencia y una lógica más enfocada en la facturación que en las personas. “Nunca miran a la cara”, “cero humanidad”, “te tratan como si molestaras”, son frases habituales.
Ese malestar general hoy se refleja en una historia concreta.
El caso de Inés
Inés ingresó al Sanatorio Central en la madrugada del sábado 13, derivada desde el Hospital de Lomas de Tafí porque no saturaba bien oxígeno. Su obra social era PAMI. Llegó acompañada por dos de sus hijas. Fue internada sin explicaciones, sin información y sin que nadie diera la cara.
Al día siguiente, cerca de las 12.30, el primer parte médico fue demoledor: Inés estaba “grave”, “agonizando” y había sido intubada. No hubo detalles ni contención. Solo palabras sueltas que sembraron desesperación.
Con el correr de los días, y contra ese diagnóstico inicial, Inés comenzó a mejorar. Los antibióticos funcionaban y se la notaba más lúcida. Sin embargo, el régimen del sanatorio no cambió: un solo parte diario y una visita de apenas una hora, una práctica que muchas instituciones mantienen como herencia del peor momento de la pandemia.
Tras ocho días de internación, el domingo 21 por la mañana, una llamada telefónica informó lo impensado: Inés había sufrido un paro y había fallecido.
Después de la muerte, el abandono
Lo que siguió agravó aún más el dolor. El cuerpo de Inés fue llevado a una habitación pequeña, sin aire acondicionado, en condiciones indignas. No hubo personal acompañando. Nadie explicó nada. Nadie asistió a la familia.
Fueron sus propias hijas quienes debieron limpiar heridas de donde aún emanaba sangre, pidiendo reiteradas veces que alguien se acercara. El destrato del personal médico y administrativo fue total.
La familia lo resumió con una frase contundente:
“El cuerpo fue tratado como si fuera basura, como si fuera un animal atropellado”.
Ni siquiera después de la muerte
La deshumanización no terminó allí. Cuando llegó el servicio de sepelio de la empresa Mora, el abandono fue absoluto. El servicio arribó con un solo empleado, cuando el procedimiento habitual indica que deben concurrir al menos dos. Aun así, el trabajador tuvo que realizar todo el traslado completamente solo.
Nadie abrió la puerta. Nadie ayudó. Ningún empleado del sanatorio se hizo presente. No se firmó ninguna planilla ni se dejó constancia formal de la entrega del cuerpo. El trabajador cerró la puerta y apagó la luz, como quien se va de un edificio vacío.
Una historia que no es un caso aislado
El caso de Inés se suma a otros ya denunciados públicamente, como el reflejado por El Tucumano en la nota “Lo vamos a extrañar: el adiós más sentido a Carlos y el drama en una clínica de Tucumán”. Las escenas se repiten: pacientes vulnerables, familias excluidas y una alarmante falta de trato humano.
A esto se suma el deterioro edilicio del Sanatorio Central, con infraestructura obsoleta, problemas de accesibilidad y condiciones que no se condicen con un establecimiento privado que presta servicios a miles de afiliados.
La pregunta es inevitable:
¿Dónde está el PAMI a la hora de auditar a quienes atienden a sus afiliados?
¿Dónde está el Ministerio de Salud de la Provincia, responsable de controlar no solo la infraestructura, sino también la calidad humana de la atención?
La pandemia terminó, pero en parte del sistema de salud quedó lo peor: protocolos sin alma y una pérdida profunda del trato humano.
La salud no puede reducirse a una planilla de costos. Porque cuando la humanidad desaparece, el sanatorio deja de ser un lugar de cuidado y se convierte, tristemente, en una antesala del olvido.
Fuente consultada el tucumano: «Lo vamos a extrañar»: el adiós más sentido a Carlos y el drama en una clínica de Tucumán



