Obra pública y fondos fiduciarios: el debate por los recursos que no llegaron a infraestructura

Obra pública y fondos fiduciarios: el debate por los recursos que no llegaron a infraestructura


Durante los primeros años de la gestión nacional, distintos fideicomisos estatales que siguen en funcionamiento pleno o remanente acumularon un superávit financiero cercano a los 3.000 millones de dólares, mientras una parte importante de los recursos recaudados no llegó a ejecutarse en los destinos específicos previstos por ley.

El dato vuelve a poner en discusión el recorrido del dinero público: cuánto se recauda, cuánto se aplica efectivamente a obras, programas o infraestructura, y cuánto termina colocado en instrumentos financieros. Según la información analizada, los fideicomisos ejecutaron una porción de sus ingresos y conservaron excedentes que fueron derivados a letras, títulos públicos, bonos, plazos fijos o cuentas bancarias.

En Neuquén, la discusión tiene una lectura concreta: mientras muchos recursos nacionales no vuelven en infraestructura, la Provincia viene apostando a un esquema propio de inversión, con el desarrollo de Vaca Muerta como motor para luego reinvertir en rutas, escuelas, hospitales, créditos para vivienda y obras que acompañen el crecimiento. Esa lógica busca consolidar un círculo virtuoso que no se mide solo por el calendario electoral, sino como una política de Estado pensada para las próximas generaciones.

La comparación no necesita caer en una pelea de modelos, pero sí permite observar diferencias en la forma de administrar prioridades. En la provincia, y también en municipios que empujan obras y desarrollo urbano con recursos propios o esquemas asociativos, la infraestructura aparece como una condición para sostener el crecimiento productivo y mejorar la vida cotidiana.

Recursos disponibles y baja ejecución

Los fondos fiduciarios fueron creados con objetivos específicos: financiar infraestructura vial, transporte, obras hídricas, urbanización de barrios populares, garantías para empresas, energías renovables o promoción productiva, entre otros destinos. Sin embargo, los datos oficiales muestran que una parte relevante de lo recaudado no fue ejecutada en esos fines.

Durante 2024, el superávit financiero de esos fondos alcanzó 1,86 billones de pesos. En 2025, llegó a 1,23 billón. La cifra acumulada equivale a casi 3.000 millones de dólares, de acuerdo con los cálculos realizados sobre el tipo de cambio oficial promedio de cada año.

El punto central no es solo la existencia de excedentes, sino el destino de esos recursos mientras las obras y programas que justifican los fondos avanzan con menor ritmo. En 2024, los fideicomisos ejecutaron apenas el 55,8% de lo recaudado. En 2025, la ejecución fue del 69,5%, y durante el primer trimestre del año siguiente se mantuvo en torno al 69,7%.

El resto quedó en colocaciones financieras dispuestas por el Ministerio de Economía. Especialistas en presupuesto público señalaron que colocar fondos transitoriamente en plazos fijos puede ser válido en contextos inflacionarios mientras se tramitan pagos. El cambio aparece cuando esos recursos pasan a financiar letras del Tesoro y títulos públicos durante períodos prolongados.

Según las planillas presupuestarias, esa operatoria continuará. Para este año, se prevén colocaciones por 1,33 billones de pesos, equivalentes a unos 880 millones de dólares adicionales, en letras, bonos, títulos públicos y plazos fijos.

Más fondos financieros que obras

Uno de los casos más sensibles es el Sistema de Infraestructura de Transporte, vinculado al financiamiento de obras y mantenimiento vial. Para este año, se proyectan gastos corrientes por 2,15 billones de pesos y gastos de capital por 692.669 millones. Sin embargo, las inversiones financieras previstas ascienden a 751.481 millones de pesos.

En términos simples, casi todo el resultado financiero del sistema se encuentra asignado a colocaciones. Durante el primer trimestre, el fondo registró ingresos corrientes por 636.115 millones de pesos y una colocación neta de 197.127 millones, equivalente a 2,7 veces lo destinado a obras en el mismo período.

La pregunta que aparece detrás de esos números es directa: si los recursos tienen un destino específico, ¿por qué una parte tan importante queda fuera de la ejecución concreta? Esa inquietud se vuelve más fuerte cuando se observa el estado de la red vial nacional y la necesidad de infraestructura en provincias que sostienen buena parte de la actividad económica del país.

El Fondo de Infraestructura Hídrica muestra una situación similar. Entre enero de 2024 y marzo de 2026 recaudó 399.541 millones de pesos, pero gastó 99.761 millones, alrededor del 25% de los recursos disponibles. El dinero acumulado también fue colocado en letras del Tesoro, plazos fijos y depósitos a la vista.

Otros fideicomisos activos, como el Fondo de Garantías Argentino, el Fondo de Promoción de la Economía del Conocimiento, el Fondo de Energías Renovables y el Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva Fueguina, también proyectan excedentes destinados íntegramente a inversión financiera.

El impacto en infraestructura

La discusión sobre los fondos fiduciarios se vuelve especialmente sensible cuando se la mira desde el territorio. Las rutas, los accesos, las obras hídricas, la urbanización de barrios y la infraestructura básica no son planillas contables: son condiciones concretas para producir, trasladarse, estudiar, trabajar y vivir mejor.

En Neuquén, el crecimiento de Vaca Muerta multiplicó la circulación, la demanda de rutas, la presión sobre las ciudades y la necesidad de servicios. Por eso la Provincia tomó la decisión de avanzar con recursos propios y con acuerdos junto al sector privado y los municipios para sostener obras que acompañen el desarrollo.

La Municipalidad también ocupa un rol en esa agenda, con inversiones en obras urbanas, infraestructura y desarrollo local que permiten ordenar el crecimiento de las ciudades. En un contexto donde la demanda social aumenta, cada obra vial, cada mejora de servicios y cada intervención urbana adquieren un valor concreto.

El debate no pasa solo por cuánto se recauda, sino por la capacidad de transformar esos recursos en resultados. Cuando los fondos se acumulan en instrumentos financieros, las provincias y los municipios quedan obligados a buscar alternativas para resolver necesidades que no esperan.

En el caso del Fondo de Integración Socio Urbana, creado para financiar infraestructura, servicios básicos y mejoramiento de viviendas en barrios populares, se informó una fuerte reducción de desembolsos y la paralización de proyectos. Parte de los recursos terminó colocada en letras del Tesoro, bonos, fondos comunes de inversión y cuentas bancarias.



Source link

Compartir