Moria Casán engañada, la noticia que nadie creía posible y el escándalo más sorpresivo de la historia de la farándula
Alguna vez, para confirmarlo, para ponerle el último tornillo a la placa que convirtió a esa máxima en una verdad de hierro, a Moria Casán le metieron los cuernos.
La One, la más querida por la gente, la gran diva popular, la de tantos y tantos éxitos en la tele (A la cama con Moria), el cine (Todas las que hizo con Olmedo y Porcel) y el teatro (Brujas), la de las frases que se volvieron parte del vocabulario popular («Si querés llorar…llorá», «Lengua karateca», «¿Quiénes son?»), el Obelisco con tetas como se autodefinió hace ya una punta de años, conoció la desagradable sensación del desengaño amoroso y del escarnio público.
El responsable de ese hito único en la historia de la farándula: Xavier Ferrer Vázquez, uno de los hombres más enigmáticos que hayan pasado por el ambiente artístico. Un misterio imposible de resolver en los más de 4 años que duró su presencia en el candelero. Así como vino se fue, dejando en el medio ese halo de suspenso en cuanto a su personalidad, su vida y su forma de ser.

SENTIR QUE 20 AÑOS NO ES NADA
Moria y Ferrer Vázquez estuvieron juntos el tiempo que va de un mundial a otro o lo que dura un período presidencial en la Argentina y en buena parte de los países del mundo occidental. En 2002, cuando el romance se hizo público y ganó enorme centimetraje periodístico, la presentación del muchacho, bastante más joven que ella (38 años contra 56) fue entre grandilocuente y sensacional.
De esta forma, por ejemplo, le dio la bienvenida al jet set local la revista Gente: «empresario, dueño de
Blindex y -se dice- de un fortunón. Más datos: bajo perfil, playboy (aunque tales señas particulares se contradigan), seductor. Soltero y sin hijos. Estudió en la Escuela Argentina Modelo, es un apasionado de los fierros (tiene 35 autos y 17 motos), fue dos veces campeón mundial de la categoría Sport con Mercedes-Benz».
Además de todas esas «perlitas», acto seguido se puso esto, lo que provocó el primer signo de interrogación: «Pagó un alto precio por la velocidad: el 11 de agosto del 91 escapó vivo por milagro de un accidente que, entre otras lesiones, le costó diecisiete fracturas en la pierna derecha y veintitrés operaciones en distintos países: la Argentina, Brasil, Cuba e Israel».
Al poco tiempo de que Moria lo presentara, lo llevara «de gira» por todos los canales, todos los programas y todas las revistas habidas y por haber en un intento de transferirle un poco de su inmensa fama, un corrilo se hizo fuerte entre bambalinas: «tiene tantos clavos adentro del cuerpo que Moria le dice «El hombre de titanio»». Aunque no eran tiempos de redes sociales (Twitter salió a la cancha recién el 21 de marzo de 2006) ese apodo se viralizó rápidamente.

AQUELLOS VIEJOS BUENOS TIEMPOS
La relación atravesó varios estadios, pero los primeros años, puede decirse, fueron positivos. Si bien nadie pudo despejar jamás las dudas que sobrevolaban por encima de ese muchacho -ya casi un señor- de contextura delgada, cuerpo longilíneo, cabellera ensortijada y voz algo finita, la presencia de Moria parecía equilibrar un vínculo que muchos, desde afuera, ya empezaban a ver desparejo.
La prensa -y sobre todo la gente, para quien Moria es una «prócer» en todo sentido- observaban que ella tenía la voz cantante y el don de mando pero también que él ocupaba todo el tiempo un milímetro más en la consideración de todos. Que su avance era permanente y que la diva, quizás subyugada por la juventud de ese muchacho tan sugestivo, permitía todo aquello con beneplácito.
El la colmaba de regalos, de atenciones, de compañía y de afecto. Por lo menos adelante de las cámaras. Lo que sucedía «puertas adentro» formaba parte de «eso que no se sabía». Sin embargo, algunos empezaban a sospechar y a contar cosas de Xavier que eran, como mínimo, atendibles. En ese entonces, quizás obnubilada por los sentimentos, Moria parecía no escuchar.
Era tanta la pasión que ella contó, en una nota muy recordada, que hasta estaban pensando en «darle un hermanito» a Sofía Gala, que estaba «muy de acuerdo» con la re lación que llevaba adelante su mamá. Cosas de otro tiempo: casi al mismo tiempo, la actual ¿novia? de Fito Páez salía con un odontólogo de 39 años. ¿Y, cuál es era el problema? ¡Qué ella tenía 15! Hoy sería un escándalo de novela, pero en aquel momento hubo pocas voces objetando ese «amor».

DE PRONTO, FLASH…
Para febrero de 2006, con la Argentina «creciendo a tasas chinas» -al menos eso era lo que se decía- millones de personas aprovecharon esa «platita que tenían en el bolsillo» para irse de vacaciones. Playas, montañas, sierras y llanuras eran un hervidero de gente que iba y venía. Para muchos eran tiempos de felicidad. Para Moria no. La obra que protagonizaba en ese momento («Los locos mandan») llenaba el teatro Atlas de Mar del Plata en cada función, pero su relación con Xavier se resquebrajaba día tras día, hora tras hora, minuto a minuto.
Paparazzi tenía tres equipos trabajando infatigablemente: uno en Punta del Este, otro en Córdoba y un tercero, por supuesto, en la ciudad feliz. Periodistas y fotógrafos laburando a destajo para conseguir las primicias más calientes. Hombres y mujeres experimentados y con el hueso curtido que se sorprendieron cuando vieron a Xavier, sí, al novio de Moria, con una jovencita. Estaban en Mardel.
Obviamente se hicieron las fotos y el material, apenas llegó a la redacción, a una redacción también acostumbrada a los bombazos y a las noticias potentes y escandalosas, quemó en las manos de todo el mundo. A ver: Moria no es una integrante más de la farándula. De nuevo: es la más querida, es casi venerada, prácticamente no hay nadie que no se haya identificado alguna vez con ella.
De ahí vino el dilema: ¿Qué hacer, publicarlas y mostrar lo que había pasado, probablemente terminando con la relación y hacerla quedar «como una cornuda» adelante de todo el país, o guardar esas imágenes tan impactantes en un cajón y ser piadosos con esa figura tan popular, tan importante. y al mismo tiempo tan macanuda y tan amable?
Con las dos posiciones sin resolver, terció Luis Ventura, por entonces director y alma mater de la revista. ¿Qué hizo? Agarró el teléfono y llamó a Moria.
– Hola Moria. Soy Luis. Luis Ventura. Venturita. Estoy acá con los muchachos de Paparazzi y tenemos algo para contarte.
-Hola Luisito, sí, decime.
-Mirá, tengo que ser sincero y como siempre voy a ser directo. Hicimos unas fotos a Xavier y está con otra mujer. Con una chica joven. Lo enganchó el equipo que tenemos en Mar del Plata. Los muchachos las quieren publicar pero tampoco te quieren hacer daño…
-Jamás te voy a decir que no publiquen algo. Nunca. Y yo también voy a querer ver esas fotos.



TE VAS PORQUE YO QUIERO QUE TE VAYAS
Unas 30 horas después de ese diálogo, el tiempo que se tardó en cerrar la edición, mandarla al taller y que la revista llegara a los puestos de diarios, en la Argentina farandulera -y en la no farandulera también- no se hablaba de otra cosa que del engaño que había sufrido la gran figura nacional. Nadie lo podía creer. Nadie entendía bien lo que había pasado. Nadie quería creerlo, pero aquella tapa no dejaba ningún lugar a dudas.
Xavier fue literalmente eyectado de la vida de Moria en ese mismo instante. La gente se puso del lado de Moria, como era de esperarse, pero hay que reconocer que tampoco faltaron los que disfrutaron de su desgracia. ¿Exagerada esa palabra? Y… puede ser… ¿pero quién no toma de esa forma cuando le meten los cuernos?
Xavier enfrentó a las cámaras, lloró, echó maldiciones, prácticamente se arrodilló y se arrastró por el piso y hasta amenazó con quitarse la vida si Moria no le perdonaba la traición. Igual no hubo caso. Ella no iba a permitir que mancharan su imagen gratuitamente y decidió que nunca más tendrían algo que ver.
Moria dice que todo lo que entra tiene que salir porque de lo contrario perjudica más, mucho más. Entonces, habló. Y sentenció a Xavier con su verba quirúrgica. «“Esa relación la viví, no lo voy a negar, pero no soy una mujer despechada. Yo sabía todo lo que estaba pasando, me costaba sacarlo de casa. ¿Que se iba a maar si no volvíamos? Esa es una mentira más grande que una catedral, es mentira que soy el amor de su vida. En una palabra con esta separación siento que me saqué al Borda de encima, mientras que él se quedó sin el cajero automático disponible las 24 horas. Nunca fue importante para mí”.
“Yo ya sabía lo que estaba pasando desde hacía un año. En esos últimos tiempos era un manager casi con cama adentro. Tendría que hacerse una lobotomía para cambiar de cabeza. Tiene un problema mental, él se puso mal con la separación porque se dio cuenta que perdía el personaje. Se creía que era Moria”.
¿Fue una separación en buenos términos? Para nada. Lo contó ella misma. Hubo gritos y escenas de mucho nerviosismo. “En la casa se rompieron algunas cosas y hubo muchos gritos. Eso le pasa a algunas personas cuando no se resignan a perder algo. Debo aclarar que nunca me puso una mano encima. Pero no tengo por qué bancarme esas puestas en escena. Llamé a la policía, pero no le hice la denuncia porque soy buena y sé que si se la hacía podía complicarlo mucho. Le tengo mucha compasión. Soy María teta de Calcuta”.
Alguna vez se dijo que hay que perder para tomar impulso y después ganar. Que hay que dar un paso atrás para luego dar dos hacia adelante.
Este fue uno de esos casos.



