Messi versus TEMU: demanda judicial por los productos truchos que venden su marca

Messi versus TEMU: demanda judicial por los productos truchos que venden su marca


La reciente demanda presentada por Lionel Messi en tribunales de Nueva York volvió a poner en el centro del debate el valor económico de su marca personal y los conflictos crecientes en torno al comercio electrónico global. El capitán de la selección argentina, junto a su sociedad LMGM S.L.U., denunció a una red de vendedores online que operaban principalmente a través de plataformas como Temu por comercializar productos falsificados con su nombre, en una maniobra que, según el expediente judicial, “genera confusión y engaño entre los consumidores” y constituye una violación directa de sus derechos de marca.

La presentación, radicada ante el juez Edgardo Ramos en el Distrito Sur de Nueva York, describe una estructura sofisticada de comercialización ilegal en la que múltiples vendedores crean tiendas virtuales que simulan ofrecer productos oficiales, utilizando el nombre “Messi” sin autorización. Según los abogados Matthew Lane Schwartz y Christopher Tom, los responsables emplean identidades falsas, rotación de cuentas y transferencias de dinero al exterior para dificultar su rastreo. La demanda sostiene que estas prácticas causan “daños irreparables” tanto económicos como reputacionales, y solicita el cierre de las tiendas, el bloqueo de cuentas y compensaciones que podrían alcanzar entre 1.000 y 2.000 millones de dólares por cada infracción comprobada. 

Messi

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El núcleo del conflicto radica en el enorme valor comercial de la marca Messi, construida durante más de una década y consolidada en el negocio de la indumentaria deportiva. Desde que logró registrar su apellido como marca en 2011, el futbolista desarrolló una línea global de ropa, calzado y accesorios deportivos. Aunque los contratos específicos suelen ser confidenciales, distintas estimaciones del mercado ubican sus ingresos por licencias, patrocinios y uso de imagen en decenas de millones de dólares anuales, con acuerdos clave con marcas como Adidas que incluyen regalías por ventas de productos asociados a su nombre. En ese esquema, el uso indebido de su marca no solo implica pérdidas directas, sino también una erosión del posicionamiento premium que sustenta esos ingresos.

La aparición de Temu en la causa no es casual. Se trata de una plataforma de comercio electrónico lanzada en 2022 por la compañía china PDD Holdings, también propietaria de Pinduoduo, que irrumpió en el mercado global con un modelo basado en precios extremadamente bajos y venta directa desde fabricantes a consumidores. Su estrategia combina subsidios agresivos, fuerte inversión en publicidad digital y una logística que conecta fábricas asiáticas con compradores en Estados Unidos, Europa y América Latina. Este modelo le permitió crecer de manera explosiva, pero también la expuso a cuestionamientos recurrentes.

Diversas investigaciones y reportes han señalado que el ecosistema abierto de vendedores dentro de Temu facilita la proliferación de productos falsificados o sin licencia, ya que terceros pueden crear tiendas con relativa facilidad. La propia demanda de Messi describe cómo los vendedores utilizan técnicas de posicionamiento en buscadores y redes sociales para amplificar la visibilidad de estos productos, generando un circuito difícil de controlar incluso para las plataformas. 

Fotogaleria El delantero argentino del Inter de Miami, Lionel Messi, llega para el partido de la temporada regular de la Major League Soccer (MLS) entre el Inter Miami CF y el New England Revolution en el Chase Stadium

En los últimos años, distintas marcas y celebridades denunciaron situaciones similares en marketplaces globales, donde productos falsificados replican nombres, logos o diseños sin autorización. La lógica de estas plataformas —basada en volumen, descentralización y velocidad— suele chocar con los sistemas tradicionales de protección de propiedad intelectual. En ese contexto, la demanda del deportista rosarino  apunta no solo a los vendedores individuales sino también a un modelo de negocio que, según sus abogados, permite y amplifica estas prácticas.

La causa también revela el grado de sofisticación de estas redes: los demandados, según el expediente, “ocultan sus identidades” y fragmentan operaciones financieras para evitar sanciones, lo que obliga a estrategias judiciales complejas, incluyendo pedidos de confidencialidad y acciones coordinadas para identificar a los responsables.

En términos económicos, el trasfondo es claro: la marca Messi constituye un activo global de altísimo valor, cuya explotación comercial depende de acuerdos exclusivos y controlados. La irrupción de productos falsificados en plataformas masivas no solo afecta las regalías directas, sino que introduce ruido en el mercado, reduce la percepción de calidad y debilita la exclusividad que sostiene el negocio. Por eso, más allá del caso puntual, la demanda se inscribe en una disputa más amplia entre figuras públicas, marcas globales y el nuevo ecosistema del comercio digital, donde la frontera entre lo original y lo apócrifo resulta cada vez más difusa.

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