Los mejores y peores looks de los Martín Fierro 2026: del «vestido de vidrio» de Sol Pérez al papelón fashion de la noche

Los mejores y peores looks de los Martín Fierro 2026: del «vestido de vidrio» de Sol Pérez al papelón fashion de la noche


La alfombra roja de los Premios Martín Fierro 2026 tuvo de todo: glamour, exageración, apuestas imposibles, escotes dramáticos, moños gigantes, transparencias y una invasión de trajes sastreros que terminó confirmando la tendencia más fuerte de la noche. Hasta Isabella Icardi, la hija menor de Wanda Nara, lució su mini traje.

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La previa estuvo conducida por Robertito Funes Ugarte, Sol Pérez, Iván de Pineda y China Ansa, quienes fueron los primeros en ver desfilar looks que dejaron comentarios filosos desde el minuto uno. Y fue Sol, sin dudas, la que dio la nota con su modelo bien al cuerpo. 

Sol Pérez se apareció con el ya bautizado “vestido de vidrio”, una creación tan impactante como incómoda. Ella misma admitió, entre risas, “es de vidrio, chicos. No me puedo mover”. Y sí: parecía más una instalación artística del MALBA que un vestido para sentarse tres horas en una ceremonia. Igual, cumplió el objetivo máximo de cualquier Martín Fierro: que nadie hablara de otra cosa.

La sensación general fue clara: menos princesas clásicas y más moda conceptual. Hubo mucho negro, blanco, rojo intenso y siluetas estructuradas. Varias figuras apostaron por el strapless, mientras otras directamente abandonaron el vestido tradicional para jugar con smoking, trajes masculinos y piezas teatrales. Algunas la rompieron. Otras quedaron atrapadas en el intento.

LOS SÍ Y LOS NO FASHION EN LA NOCHE DE LOS MARTÍN FIERRO

Una de las protagonistas de la gala fue, sin duda, Wanda Nara. Porque sí, Wanda siempre entra en su propia categoría. En Desayuno Americano la definieron como “Wanda, a todo trapo”. La ganadora a Mejor conductora llegó con un vestido impactante pero que, según varios de los presentes, parecía desarmarse en tules a medida que avanzaba por la alfombra.

Otra que se llevó aplausos fue Moria Casán. Su diseño de Pucheta Paz dividió opiniones —hubo quienes dijeron que parecía una torta de casamiento— pero justamente ahí estuvo el triunfo. Moria entendió el código de la gala: exagerar con elegancia. La estructura, el volumen y el dramatismo funcionaron perfecto para ella. 

Después remató con un cambio a look sastrero blanco impecable, demostrando que pocas manejan el artificio y el glamour como la One. El blanco total, además, fue una jugada arriesgada que no cualquiera sostiene, sobre todo ella, que suele abrazar el total black en los eventos.

También dio que hablar Karina Mazzocco, con un vestido rojo de Nuria Bueno que entró rápidamente en la lista de las mejores vestidas. Aunque en Desayuno americano marcaron que el corte “hacía barriga”, el look tenía presencia, personalidad y algo clave: parecía pensado para ella y no para Instagram. El rojo, justamente, fue uno de los tonos estrella de la ceremonia.

Flor de la V y Laila Roth también apostaron por ese color potente que siempre pide actitud. Algunas lo llevaron al glamour clásico y otras más al impacto escénico, pero el mensaje era claro: había ganas de llamar la atención.

Uno de los looks masculinos más comentados fue el de Ian Lucas, que apareció vestido en un tono rosa pleno que muchos compararon con la Pantera Rosa. En redes hubo quienes dijeron que parecía un pijama de lujo, pero lo cierto es que el outfit tenía coherencia, riesgo y styling. En una alfombra donde muchos hombres siguen presos del smoking negro básico, al menos hubo alguien intentando divertirse con mucha onda.

Entre las apuestas teatrales apareció Victoria Xipolitakis, completamente de negro y con un vestido cargado de dramatismo, volumen y efecto escénico. La coincidencia fashion fue inevitable porque Mica Viciconte también eligió negro total. Y sí, las redes hicieron el resto: archirrivales cromáticamente sincronizadas.

Juli Poggio, en tanto, apostó por un look romántico con un enorme moño color crema que dividió opiniones. Para algunos fue delicado y fashionista; para otros, parecía el packaging de un perfume importado. Pero Juli entiende algo que muchas figuras todavía no: en televisión, un detalle exagerado vale más que un vestido correcto que nadie recuerda al día siguiente.

Otra que se la jugó fue Sofía Gonet, la Reini, con un vestido, inspirado según trascendió en una “escarapela desarmada”, mezcló celeste lavado, champagne y una estructura escultórica que parecía mitad couture europea, mitad experimento teatral de diseñador emergente. Ahora bien: el problema apareció de la cintura para abajo. Ese gran volante irregular en la cadera cortaba la silueta y generaba un efecto extraño, como si el vestido estuviera “explotando” en distintas direcciones.

Darío Barassi apostó por un smoking azul noche clásico, prolijo y muy en su registro: elegante pero relajado, sin querer disfrazarse de fashion victim. El saco con solapas negras satinadas funcionaba bien y el moño mantenía el código formal de la gala, aunque el detalle western de la camisa tipo bolo tie generaba una mezcla rara, como si no terminara de decidir entre casino de Las Vegas y conductor premium de prime time.

La conclusión que dejó esta edición de los Martín Fierro fue bastante clara: ya nadie quiere pasar desapercibido. La época del vestido lindo y correcto parece haber quedado vieja. Ahora se premia el impacto, el meme, el comentario viral y el riesgo. Ahora bien… ¿cuál fue el mejor y el peor look? Que cada uno saque sus conclusiones…

 

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