La pelea sin tregua ni perdón entre Mirtha Legrand y Chiche Gelblung: una foto prohibida, la muerte de Danielito y el inolvidable «¡Carajo, mierda!»

La pelea sin tregua ni perdón entre Mirtha Legrand y Chiche Gelblung: una foto prohibida, la muerte de Danielito y el inolvidable «¡Carajo, mierda!»


La muerte de Chiche Gelblung a los 82 años dejó innumerables historias para reconstruir dentro del periodismo y la televisión argentina. Pero pocas fueron tan extensas, personales y célebres como su histórica pelea con Mirtha Legrand, una relación marcada por durísimos reproches que se prolongó durante 25 años, hasta una reconciliación televisiva que también terminó convirtiéndose en parte de la historia de la pantalla chica.

Todo comenzó en 1981, con una fotografía que Mirtha jamás olvidaría. Un fotógrafo de la revista GENTE la retrató tomando sol en traje de baño junto a su marido, Daniel Tinayre, durante unas vacaciones en la Costa. Gelblung, por entonces director de la revista, decidió publicar aquellas imágenes y el enojo de la diva fue inmediato.

El propio Chiche contó años después que las fotos habían sido tomadas por Tito Lapenna en Santa Clara del Mar y que consideró que tenían enorme valor periodístico. Mirtha, en cambio, sintió que se había vulnerado su intimidad.

Mirtha Legrand en la tapa de GENTE que autorizó Chiche Gelblung.
Mirtha Legrand en la tapa de GENTE que autorizó Chiche Gelblung.

El enfrentamiento no terminó allí. Con Chiche ya convertido en una de las figuras fuertes de la televisión y al frente de su memorable ciclo Memoria, llegó un episodio mucho más doloroso para la conductora: la reconstrucción televisiva de los últimos días de Daniel Danielito Tinayre, su hijo, quien murió en abril de 1999 a los 50 años. El programa dramatizó aquellos momentos y también el acompañamiento de Mirtha durante la enfermedad de su hijo.

EL DOLOR DE MIRTHA LEGRAND POR LO QUE CHICHE MOSTRÓ SOBRE SU HIJO

Cuando finalmente volvieron a sentarse frente a frente en 2006, Legrand decidió empezar precisamente por ese tema. «Me dolió que hicieras una teatralización de mi hijo», le reprochó al aire. Y agregó sobre la reconstrucción: «Era como si estuvieras en mi casa». Gelblung se justificó al decir que había querido reconocer la enorme dedicación con la que Mirtha acompañó a Danielito hasta sus últimos días.

Pero todavía faltaba el episodio que terminaría de convertir aquella guerra en un clásico de la farándula. También desde Memoria, Chiche difundió una grabación inédita de una Mirtha furiosa, en el detrás de escena de uno de sus clásicos almuerzos. Molesta por cuestiones técnicas y por cómo estaba siendo tomada por las cámaras, la diva lanzó la frase que terminaría persiguiéndola —y divirtiéndola— durante décadas: «Demasiado esfuerzo hago, ¡carajo, mierda!».

Mirtha se enfureció cuando el material salió al aire. Mucho después, Chiche revelaría que había sido el entrañable Gerardo Rozín quien encontró aquella grabación en Canal 9 y se la acercó para que la emitiera. Lo que en un principio fue vivido como una nueva afrenta terminó transformándose, paradójicamente, en una de las frases más populares de la carrera de Chiquita. El propio Gelblung decía que aquel video simplemente había mostrado que Mirtha también era «humana».

Chiche Gelblung y Mirtha Legrand, en el programa de su reconciliación.
Chiche Gelblung y Mirtha Legrand, en el programa de su reconciliación.

La tensión llegó incluso a los Martín Fierro de 2005, cuando Mirtha tuvo que entregarle un premio y lanzó desde el escenario: «Las vueltas de la vida, al que siempre habló mal de mí le tengo que entregar un premio». Caballero, Chiche evitó redoblar la apuesta y respondió que nunca había tenido nada contra ella. Un año más tarde, el 3 de agosto de 2006, finalmente aceptó sentarse como único invitado a su mesa. Allí repasaron la foto, la muerte de Danielito, el célebre video y todos los reproches acumulados durante décadas.

Ese almuerzo terminó con algo que durante mucho tiempo parecía imposible: la reconciliación. Mirtha cerró el programa anunciando que, desde ese momento, volvían a ser amigos. Después hubo nuevos encuentros, bromas y algún que otro pase de factura, pero nunca regresaron a aquella guerra feroz.

Así terminó una de las rivalidades más famosas del espectáculo argentino: una relación atravesada por heridas profundas, televisión y polémicas que, con el tiempo, ambos lograron convertir en parte del folclore de sus propias carreras.

 

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