Editorial | Tucumán: cuando el silencio de los medios es cómplice

Editorial | Tucumán: cuando el silencio de los medios es cómplice

  • Una mujer detenida en Graneros por gritar “¡Viva la libertad, carajo!” durante un acto del gobernador Osvaldo Jaldo. El mismo acto en el que otras dos personas fueron arrestadas por sostener carteles con reclamos salariales. Graneros funciona como un mini feudo, pero para la prensa tucumana, nada pasó.
  • Un trabajador de la panadería y cafetería Pay fue brutalmente golpeado en la cara por su empleador, Franco Argañaraz, al punto de casi perder un ojo. El hecho estalló en las redes y despertó indignación generalizada. Sin embargo, ni una línea en los portales más importantes. Versiones señalan que Argañaraz es testaferro o protegido de un peso pesado de la política provincial. Tal vez ahí radique la explicación del silencio.

Que quede claro: las redes sociales se convirtieron en los verdaderos medios de comunicación de Tucumán. Son las únicas que, con todos sus defectos, funcionan como un espacio donde los ciudadanos pueden visibilizar lo que los grandes diarios y canales deciden callar.

El contraste es doloroso: mientras los gigantes se arrodillan por una pauta que los mantiene dóciles, solo medios chicos —muchos de ellos sin financiamiento privado ni oficial— se animan a informar lo que pasa.

Es una vergüenza. Y también es una traición. Porque como dice la frase que inmortalizó la película The Post, y que debería ser bandera de cualquier periodista: “La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes”.

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