¡Con los tapones de punta! Martín Liberman no se calla nada: el llamado de Riquelme que le dolió, la propuesta que le hizo Milei y «el rol de villano» que nunca buscó
Pero detrás del periodista de las opiniones filosas, el debate y las discusiones que muchas veces lo colocaron en el centro de la escena, hay otra historia. Casado desde 2020 con la bailarina y animadora infantil Ana Laura López, Liberman encuentra en la familia el eje de su vida. Es padre de Blas, de 17 años, y de Milo, de cuatro, cuya llegada ocurrió después de un largo y un difícil camino que hoy recuerda como uno de los capítulos más profundos de su vida.
En una charla íntima con la sección A solas de Paparazzi, Liberman se animó a recorrer ese lado menos conocido: habló de su lucha por volver a ser padre, de la convivencia y su vida cotidiana, pero también de sus grandes cruces y vínculos dentro del fútbol. Juan Román Riquelme, Cristiano Ronaldo, Diego Maradona y Lionel Messi aparecen en una conversación en la que, fiel a su estilo, no esquivó ningún tema.
—¿Qué pasó en la final del Mundial? Existen muchas teorías conspirativas.
—Estuve en la cancha: me pareció un partido raro. Argentina jugó pésimo, no tuvo respuesta. Pero prefiero y elijo creer que estaban vencidos, futbolística y anímicamente. O sea, no tenían resto. Averigüé todo lo que se pueda averiguar y no tengo nada de qué agarrarme para tirar del hilo. Creo que jugó mal todo el Mundial, fue arañando clasificaciones sobre la hora, y en la final nos chocamos con la realidad. Hubo un equipo que jugaba mejor, que había minimizado a Francia, e hizo lo propio con Argentina. Ganó el mejor. Lo que nos llamó la atención es que el equipo no haya tenido aunque sea un resto anímico para pelear el partido. Pero no tenía resto.
—Pero eso, porque venía de jugar alargues y tenía un día menos de descanso. O anímicamente…
—No, de todo. Creo que hubo errores del técnico en la conformación de la lista: de arranque, llevar un jugador que está lesionado significa que no está entrenando a la par del resto. Y terminó pagando esas consecuencias físicas durante el desarrollo del campeonato. Y así y todo, iban sorteando obstáculos. Si observás todo, el final quedó muy lejos: 38 días después del inicio… Y se fueron pagando las consecuencias.
—No se sabe si Scaloni va a seguir. En todo caso, ¿quién debería ser para vos el próximo DT?
—No sé si un próximo Scaloni, porque es difícil que alguien logre lo que logró él. Me acuerdo que cuando asumió dije que era un inexperto que iba a dirigir, y era verdad: no había dirigido nunca nada, ni un torneo juvenil. No creo que exista un nuevo Scaloni. ¿Qué significa? Un tipo que, sin ninguna experiencia, tome el mando de la Selección Argentina y la saque campeón. Creo que es el momento de Diego Simeone. Me encantaría que siga Scaloni, primero. Sino, Simeone.
—En esto de las teorías conspirativas, se viralizó la vez que Oscar Ruggeri dijo que había sido testigo de lo que le pasó a Diego Maradona en el 90, pero ahora salió a negarlo. ¿Por qué creés que surgen esas contradicciones?
—No sé por qué negó algo que dijo alguna vez. Tal vez habló de más en su momento y se equivocó. Yo te digo que caminé la calle con Diego del 95 al 2008, compartí todo lo que se te ocurra que pueda compartir una persona: parque de diversiones, avión privado, fiestas, internaciones, los momentos más difíciles y más tristes. Y hablé mucho con Diego de muchas cosas: jamás en su vida me dijo que tuvieron que entregar el Mundial (de Italia). Nunca. Si fue verdad, solamente él y (Julio) Grondona lo saben. Lamentablemente, ninguno de los dos está en este plano.

—Para algunas generaciones, Maradona fue el mejor jugador de la historia.
—Para la mía. Mi superhéroe.
—Después de Maradona aparecieron Cristiano Ronaldo y Messi. Para vos, ¿quién es el mejor de todos los tiempos?
—Es muy difícil porque cuando alguien te dice que Diego no tuvo la trayectoria de Messi, le doy la razón. La diferencia es que Messi está sano y Diego tenía una enfermedad. No lo podés pasar por alto cuando analizás la carrera de uno y de otro. Diego tuvo suspensiones, doping positivo; eso provocaba que dejaba de entrenar un año, se cargaba 20 kilos, y volvía. Y otra vez, y volvía. Diego fue único. Pero tampoco tiene mucho sentido la comparación, eran otras épocas: a Diego le pegaban como hoy no se pega, en un campo de juego que era diferente. Diego jugó en un equipo chico (Nápoli) y Messi jugó siempre en uno de los mejores equipos del mundo (Barcelona). Las comparaciones no tienen mucho sentido.
—Con Maradona compartiste la vida.
—Sí. Muy afortunado.
—Para las nuevas generaciones que no saben realmente quién era, ¿qué les dirías?
—Un fenómeno. Obviamente que hay cosas con las que yo no comulgo, pero con todos mis amigos tengo diferencias. No me gustaba, por ejemplo, que estuviese cerca del chavismo. Hay cosas que a él no le gustaban y cosas que a mí no me gustaban. Como futbolista no tengo nada que decir, no hace falta. Pero como amigo, lo más grande que vi en mi vida. Ha prohibido, como amigo, que las cámaras de Fútbol de Primera entren al vestuario de Boca porque me habían sacado de mi trabajo. Llamó al director del programa y le dijo que las cámaras no entraban más al vestuario de Boca si yo no volvía a trabajar. Ese era Diego. Como amigo, se ponía la capa de Superman. Después tenía las mismas falencias que tenemos vos, yo, todos.
—En las redes sociales recibís ataques.
—Sí. A diario. A veces leo, me engancho y contesto. A veces me encuentro haciendo cosas que no puedo creerlas. Depende el tipo de agresión. ¿»Colorado»? Ya está. Según Carmen Barbieri, ahora soy rubio. Mala suerte, judío: me toca lidiar con eso todos los días. Por eso, cuando dicen que en nuestro país no se discrimina, yo me cago de risa. ¿No se discrimina? Te presto mi teléfono un ratito nada más. Me podés decir «qué malo que sos opinando», «ves el fútbol de espaldas», «qué mal hablás», lo que quieras. Sin embargo, lo que recibo es lo otro. Al mismo tiempo, tengo que decir que nunca sentí que dejara de trabajar en algún lado o que no me convocaran por algo discriminatorio. De ninguna manera. Trabajé en los cinco canales abiertos del país, en ocho radios, en ESPN, Fox, TyC Sport, y nunca sentí que mi condición de pelirrojo o mi religión me pusieran en un lugar diferente. Para nada.

—Hablando de trabajo: de un tiempo a esta parte se te cerraron puertas.
—Sí.
—¿Por qué?
—Estoy seguro de que algunos han sugerido a dueños de medios de comunicación que es antipático que yo estuviera dentro de la nómina. Y esos líderes, que se ve que no tiene los huevos necesarios ni el coraje suficiente, han aceptado la sugerencia de que era «un poco incómodo». Y lo entiendo, ojo. Lo cual no significa que me voy a quedar callado. En el Mundial, por ejemplo: «Che, ¿lo contratamos a Liberman?»; «No, él no quiere que gane Argentina». Se instaló eso. No, tenés razón… ¡Si yo nací en Mongolia y quiero que pierda Argentina! Y por eso mi hijo viajó para ver la final del Mundial conmigo… Entonces, hay cosas que no tiene sentido librar la batalla. Pero también entiendo que no sea muy simpático tenerme a mí opinando de la Selección, lo cual me pone en un lugar espantoso, horrible, incómodo, injusto, porque lo único que yo he hecho fue opinar, como opinó la mayoría de la población, que señalaba y tildaba (a los jugadores de la Selección) de perdedores. Y como lo hizo la mayor cantidad de la prensa argentina, que hoy se ponen del otro lado, pero han dicho barbaridades mucho más grandes que las mías. Los puedo enumerar, pero de botón nunca me voy a recibir. Me eligieron como villano, es el rol que me toca. Es incómodo, feo, injusto, pero me la tengo que bancar.
—El ciclo Liberman en Línea era mucho de política.
—Me encanta.
—¿Te interesaría un cargo?
—Me lo ofrecieron. Siempre tengo dudas, porque me fue muy bien, por suerte, trabajé desde 1993 hasta 2022 de forma ininterrumpida, y lo que gané, me lo gané yo. Estar de viaje o en un avión, y que me digan: «Con la nuestra», no tengo ganas de pasar por eso… Incluso, nunca lo conté esto, pero el actual Presidente de la Nación me preguntó. Y antes también me pasó, con el Gobierno de la Ciudad. Pero cuando llego a casa y lo pienso, digo: «¿Y yo por qué voy a poner el trabajo de tres décadas para que alguien me diga que estoy viajando en avión con la plata del Estado?». No tengo ganas de eso. Y en todo caso, el día que diga que sí, lo haría ad honorem. Aunque igual lo van a decir.
—Hacés streaming, y vinculados al fútbol, están Davo, La Cobra. ¿Los consumís?
—No. Claro que me gustan. Los éxitos no se discuten. Puede gustarte o no, pero es indiscutible lo que hacen: ganan plata, tienen miles de seguidores, les va muy bien, la gente los consume, Mi hijo los consume un montón, pero yo no puedo: sé que parezco de 35, pero tengo 51 (risas). No me encuentro consumiendo las mismas cosas que mi hijo. Entonces, cuando digo que no los veo, me dicen: «¿Quién te creés que sos?». Pero no los veo por una cuestión generacional, no por otra cosa.
—¿Y Flavio Azzaro, con AZZ?
—Todo eso sí lo veo.
—¿Trabajarías ahi?
—Estoy muy bien donde estoy y tengo un canal de YouTube que se llama Liberman en Línea, con 510 mil suscriptores. Me siento cómodo haciéndolo y me alcanza con lo que tengo. Me encantaría que sea mucho más grande como lo de Flavio, a quien felicito. Consumo cosas que tienen que ver más con lo que siento que es el periodismo: decir, cuestionar, criticar, bajar línea, opinar y no tanto streamear, aunque no sé cual es la diferencia. Tengo el canal de YouTube desde hace cinco, seis años: lo empecé cuando estaba en el sistema, la vi venir y la gente me abrió los ojos. Entonces, cuando me quedé afuera de todo, tuve de qué aferrarme. Mi salvavidas.
—Hablando de periodistas y nuevas camadas, ¿cómo lo ves a Gastón Edul?
—No es mi estilo, pero de nuevo: no discuto al que tiene éxito. El pibe es un exitoso, claramente, hace muy bien su trabajo, la gente lo consume, mi hijo lo consume. (Edul) puede ser mi hijo: tiene 30. Me siento lejos de él, que no significa que no lo haga bien. Yo me formé en otra escuela, ni mejor ni peor: diferente. Los jóvenes tienen que entender, así como yo tengo que entenderlos a ellos, que nosotros venimos de otro lugar donde (Marcelo) Araujo, (Fernando) Niembro, Macaya (Márquez), entre otros, te tenían terminantemente prohibido decirle al futbolista por el sobrenombre. Decirle Lea a Paredes, o decirle Rodri a De Paul. Lo teníamos prohibido. Y no está bien ni está mal. Así me formé, y me siento cómodo en ese lugar.
—Para vos, ¿cuáles son los mejores periodistas deportivos?
—Me saco, porque para mí, soy el mejor. Me gustan mucho los que se formaron juntos a mi generación: me identifico con el estilo de Toti Pasman; Gustavo López, soy amigo de Maxi Palma, me gusta Walter Queijeiro.

—Pasando al plano personal, te costó tener un hijo. Después lo mismo, con el segundo, junto a tu actual esposa, Ana Laura López. ¿Tenés ganas de ir por un tercero?
—Estoy bien así, muy contento. Milo es una belleza, tiene cuatro años: juego todo el día, me tiro al piso, pero ya cuando me levanto… ¡Él es activo!
—¿Cómo te encontró la paternidad a esta edad?
—Está bueno. Cuando te enamorás de alguien joven, que te dice que tiene como deseo ser mamá, tenés que tomar una decisión. Sino, la verdad es que sos bastante egoísta. Me acuerdo que le dije: «Primero enamorémonos, y después vemos». Y bueno, me enamoré. Nos casamos y nos encerraron, vino la pandemia, y es raro decirlo, pero en la pandemia yo era feliz con ella. Entonces, cuando habilitaron las prácticas médicas, le pregunté si seguía con la idea de ser mamá. Me dijo que sí y le dije que probemos, porque el tiempo va pasando para mí y me gustaría que me diga papá y no abuelo. Ahí empezamos, por una dificultad mía, una patología, un problema de salud por el que teníamos que hacer tratamiento sí o sí. En la pandemia hacíamos mucha gimnasia, pero no iba a pasar… Pero así, ahora ya estamos bien.

—¿Cómo sos en la convivencia?
—Un hinchapelotas. Pero también hago mucho también, me ocupo de todo: hago el pedido del supermercado; nadie puede lavar los platos, lo hago yo; nadie puede tocar el lavarropas, yo lavo, centrífugo y cuelgo. Es que me lo van a romper: lo llenan de jabón, enjuague… Dejame a mí, vos disfrutá de la ropita limpita. No laves que sino, hay que lavarlo dos veces. Pequeñas manías con las que no jodo a nadie. ¿Qué vamos a comer? No me importa, mientras me pongas algo. Soy fácil, pero soy complicado con las cosas que me hacen mal. Por ejemplo, no existe entrar con zapatos a mi casa. Nadie, no me importa quien sea. Para no incomodar a nadie, por si viene un médico, una urgencia o alguien a hacer un trabajo, compré las botitas quirúrgicas. Pueden estar descalzos o ponerse las botitas quirúrgicas, pero no hay opción b.
—¿Sos de cuidarte? ¿Te preocupa el paso del tiempo?
—Sí, obvio. Me cuido. Me gusta la ropa. La uso así, holgada, porque mi hijo me rompe con que uso todo ajustadito. Intento explicarle que no se pueden vestir iguales los de 50 y 17. Pero después me veo y estoy cómodo. Trato de comer sano, entreno todos los días, me gusta verme bien. No es para provocar. Me recuerdan todo el tiempo la edad que tengo porque me dicen: «Estas bien para la edad que tenés». Me siento bien, pero la edad está. Cuando veo el carnet: 51… No es lo mismo. Me queda mucho menos de lo que ya viví.

—Hablamos del matrimonio: ¿perdonarías una infidelidad?
—Con el paso del tiempo cambié mucho. Antes era muy drástico. A los 35 años hice una fiesta: había que venir de blanco o de negro. En un momento tomé el micrófono y expliqué que era así porque en la vida no hay grises: sos blanco o negro, sos mi amigo o estás del otro lado. Hoy, 15 años después, te digo que hay grises. En principio creo que no, pero no sé…
—¿Y fuiste infiel muchas veces?
—¿Se puede cortar? (Risas). De chico, de joven, era muy fiel. Y una novia que tenía, a la que quería mucho, la vi en la parada del colectivo con otro a los besos. Me dolió tanto… No sé por qué, volvimos. Y a partir de ese día decidí pagarle con la misma moneda. Es una tontería, pero tiene que ver con la juventud.
—¿En el sexo, probaste de todo?
—Seguramente, a todo el mundo le quedan cosas pendientes. Pero me siento satisfecho. No tengo ni caño en la casa ni me tiro en soga. Normal. Trato de pasarla bien.
—¿Seguís en contacto con Cristiano Ronaldo?
—Sigo en contacto. Me responde si le hablo. Me escribo por WhatsApp. Si me invita al casamiento, iría. Por lo que tengo entendido, te estoy dando una primicia si es que salimos antes… Me dijo que no hacía fiesta. No invado. Pero sí quedamos que antes de que termine este año voy a viajar a verlo. Lo quiero mucho, es un gran tipo. Lo conocí en Manchester y la segunda vez que lo fui a ver, viajé con mi hijo. Le regaló la camiseta y nos invitó a la final de la Champions. Y no hay una vez que no me diga: «Bro, ¿cómo está Blas?». Un tipo terrenal. La persona con más seguidores del planeta y me pregunta cómo está mi hijo, cuando podría ni atenderme el teléfono. Entonces, lo respeto, lo admiro.

—¿Con Juan Román Riquelme también tuviste relación?
—Sí. Nos llevábamos muy bien con Román.
—¿Y cómo lo ves en Boca?
—Un desastre. Pésima dirigencia. Hay que prepararse en la vida para todo y él no tuvo ningún tipo de preparación para el cargo que ejerce. Y les está yendo con la lógica que te vaya cuando no te preparaste. No digo que no quiera a Boca, que no tenga buenas intenciones, pero las pruebas me remito: su gestión es realmente paupérrima. Me duele, porque algún día pensé que éramos amigos. Cuando vos venís a mi casa y yo voy a la tuya pienso que somos amigos, pero cuando me llamás y me decís: «¿De qué lado estás?», como que tenés que tomar postura por un bando, me sentí muy incómodo. A partir de ese día no nos hablamos más. A un tipo que venía a mi casa, yo iba a la de él, nunca le puedo desear el mal. Sí reconozco que me dolió mucho que me haya puesto en ese lugar de tener que elegir por un bando u otro. Eso nos distanció muchísimo. Y trato de despojarme de cualquier sentimiento para opinar cuando me toca hacerlo.
—¿Y Mario Pergolini?
—No sé qué quiere Mario en realidad, porque es uno de los que legitimó la llegada de Riquelme. Y cuando se fue, no se entendió por qué. Lo considero súper capaz, me encanta lo que hace Pergolini. No veo tele porque a esa hora estoy con mi mujer mirando una serie, pero veo los recortes. En Boca no sé si no pudo o no lo dejaron hacer. O creyó que iba a hacer algo que nunca iba a hacer. Pero fue parte de esta gestión.

—Algunos periodistas deportivos no dicen de qué cuadro son. ¿Y vos?
—Tampoco. Soy de la época en que no se dice y donde nada debiera cambiar por no decirlo. No creo que haya subjetividad, si sos profesional de verdad. ¿Sabías de qué cuadro era Marcelo Araujo? No. ¿Y Macaya Marques? No. No hacía falta. Los pibes ahora te quieren imponer que vos lo digas. ¿Y por qué? Digo lo que quiero, cuando quiero y tengo ganas. Mi trabajo no va de la mano de decir de qué cuadro soy, pero respeto a aquellos que, como Varsky o Toti, quisieron decirlo. Pero no me obligues…
—De un tiempo a esta parte, la figura femenina tomó protagonismo en el periodismo deportivo. Por ejemplo, More Beltrán y Sofi Martínez.
—Entre ellas dos hay una diferencia grande: una opina del juego y la otra hace la periferia, que lo hace muy bien. Son distintas. No divido entre mujeres y varones, sino entre aptos, capacitados, gente preparada, y no. Yo siempre trabajé con mujeres.
—Estuviste en el Bailando, y en este Mundial, Marcelo Tinelli volvió a cubrir fútbol con Infobae.
—El otro día me lo cruce a Marcelo: yo salía hacerme una resonancia magnética y él, entraba. Marca la edad, ¿no? Las charlas de la gente grande. Lo quiero, pero no sé cuánto me quiere él a mí. Medio falsete me parece… Es un ambiente de mierda el nuestro. No sé qué hizo (en Infobae): no tengo idea, no vi el programa, si opinaba de fútbol, de táctica… -Para ver un programa de fútbol en el Mundial, quiero otro tipo de programa. No está mal: Marcelo es eso, no lo voy a discutir. Es el tipo más exitoso de la televisión argentina, es indiscutible. Algunas cosas tengo pendientes del Bailando, pero a mí me pagó, y le pedí un montón de cosas, rompebolas, y me cumplió con todo. Después, creo que me hizo alguna tramoyeta. Pero lo respeto y quiero. Lo que hizo él tantos años en televisión es irrepetible, nadie lo va a poder lograr nunca más. Lo de él, lo de Mirtha, Susana.

—¿Mauro Icardi o Maxi López?
—Maxi López, porque a Icardi no lo conozco: nunca habló con los medios de fútbol, habló solamente con las revistas del corazón. No sé cómo piensa, pero me encanta cómo juega: es mejor futbolista Icardi que Maxi López. Pero si quiero tomar un café o comerme un bife, voy con Maxi López. Tiene calle, es distinto.
—¿Creés que a Icardi le jugó en contra en su carrera tener tanta exposición con Wanda Nara o la China Suárez?
—Sí, le jugó en contra. Y sé que los compañeros le hicieron el vacío en la Selección Argentina. Se la hicieron dificilísima: no lo sentían de su palo. Pidió un mate un día y no se lo convidaron, quiso ir al fondo del micro y le dijeron: «No, a vos no te toca, andá para adelante». Los futbolistas son complicados, no son buenos. ¿Venir a un club argentino? No creo que tenga chance porque los únicos que le pueden pagar son Boca o River, y entiendo que ninguno lo está buscando en este momento. Nadie le puede pagar los millones que gana.
—Para cerrar, ¿qué le diría este Liberman al de 30 años atrás?
—Seguí así. No transes, mantené tus ideales, sostené esta línea. Hay pros y contras, hay daños colaterales. No tengo nada de que arrepentirme. Sí hay matices: uno puede decir lo mismo de otra manera. Tiene que ver con la juventud, no con el pensamiento.


