Como en Argentina: la ultraderecha alemana pone a la cultura en el centro de su batalla política

Como en Argentina: la ultraderecha alemana pone a la cultura en el centro de su batalla política


Buenos Aires, 13 agosto (NA) – La cultura se convirtió en un nuevo campo de batalla para la ultraderecha alemana. A medida que Alternativa para Alemania (AfD) gana espacio político, el partido busca extender su disputa más allá de las elecciones y las instituciones para intervenir sobre aquello que una sociedad considera válido, representativo y digno de ser preservado, algo similar a lo que sucede en la Argentina de Milei.

La ofensiva alcanza a museos, teatros, universidades, instituciones culturales y políticas públicas, pero también se proyecta sobre una discusión más profunda: qué valores debe transmitir el Estado y qué relatos sobre Alemania deben ocupar un lugar central en el espacio público.

El fenómeno adquiere una dimensión particularmente sensible en un país cuya identidad democrática de posguerra está estrechamente ligada a la revisión crítica de su pasado nazi. La memoria del Holocausto y los mecanismos desarrollados para mantener presente ese pasado forman parte de una cultura política que durante décadas fue considerada un límite frente a cualquier intento de reivindicación del nazismo.

La AfD, sin embargo, cuestiona algunos de esos consensos. Dirigentes del partido han criticado la cultura de la memoria alemana y reclamado una mirada diferente sobre la historia nacional. Uno de sus referentes, Björn Höcke, llegó a calificar de “vergüenza” el monumento dedicado a los judíos asesinados de Europa en Berlín, en una declaración que provocó una fuerte reacción política y social. La propia Feria del Libro de Fráncfort ha sido escenario de controversias alrededor de dirigentes de la AfD y de protestas contra sus posiciones.

Como en Argentina: la ultraderecha alemana pone a la cultura en el centro de su batalla política

El avance de la ultraderecha plantea así una pregunta que excede el resultado electoral: qué ocurre cuando una fuerza política que cuestiona consensos democráticos construidos durante décadas comienza a disputar también el territorio de la cultura.

La estrategia no consiste únicamente en reducir el gasto público o modificar estructuras administrativas. Se trata también de disputar los sentidos. La cultura aparece como un instrumento para redefinir qué se considera tradición, identidad nacional, memoria histórica y valores compartidos.

En ese sentido, el caso alemán forma parte de un fenómeno más amplio que atraviesa a distintas derechas radicalizadas en Europa y otros países occidentales. La disputa cultural permite trasladar al terreno de las ideas conflictos que antes se expresaban principalmente en torno de la economía, la inmigración o la seguridad.

La Bauhaus también está en la mira, igual que en la década del 30

La Bauhaus, la emblemática escuela alemana de arquitectura, arte y diseño fundada en 1919, se vio obligada a cerrar bajo el régimen nazi, que consideraba que sus ideas vanguardistas y su actitud abierta eran «antialemanas». Aun así, la Bauhaus acabó convirtiéndose en uno de los movimientos de diseño más importantes del siglo XX; su influencia sigue notándose en todo el mundo.

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De acuerdo con una nota del portal DW, hoy en día, el AfD vuelve a considerar que la Bauhaus es demasiado modernista y globalista para la «política cultural patriótica» que el partido tiene en mente.

«Las críticas de AfD a la Bauhaus retoman las de hace 100 años; su redacción es similar», explicó a DW Barbara Steiner, directora de la Fundación Bauhaus.

El programa de AfD de Sajonia-Anhalt describe a la Bauhaus como «una escuela de arquitectura controvertida» y critica al actual Gobierno regional por dar demasiado protagonismo a este lugar emblemático en su campaña de imagen actual, titulada «Moderndenken» (pensar moderno).

El partido AfD pretende adoptar, en su lugar, una campaña llamada Deutschdenken (pensar de forma alemana), que restaría importancia al papel de la Bauhaus y, en cambio, «destacaría las importantes contribuciones del Estado al desarrollo de la nación alemana, desde Enrique I y Otón I hasta Lutero, Bismarck y Nietzsche», dijo Steiner.

La «batalla cultural» de Milei en Argentina

Argentina ofrece un ejemplo cercano, aunque con diferencias históricas y políticas sustanciales. Desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, el Gobierno incorporó la denominada “batalla cultural” como uno de sus ejes políticos. El propio mandatario llamó a dar esa pelea y planteó la necesidad de modificar ideas y consensos que identifica con el progresismo.

En ese marco, el oficialismo cuestionó las políticas de género, eliminó el uso del lenguaje inclusivo en la administración pública y avanzó sobre organismos y programas vinculados con esas políticas. También impulsó una reducción del financiamiento y una reestructuración de distintas áreas de la cultura estatal.

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La disputa alcanzó además las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Funcionarios y dirigentes cercanos al Gobierno cuestionaron el consenso en torno de la cifra de 30.000 desaparecidos y promovieron la idea de una “memoria completa”, incorporando al relato público a las víctimas de las organizaciones armadas y poniendo en discusión aspectos centrales de la interpretación histórica de la última dictadura.

El paralelismo no supone equiparar la experiencia alemana con la argentina. El nazismo, el Holocausto y la construcción de la memoria alemana después de 1945 responden a una historia específica, mientras que en Argentina la disputa se concentra en el terrorismo de Estado y la dictadura de 1976-1983.

Pero existe un punto de contacto: la cultura como territorio de disputa política y la intención de las nuevas derechas de revisar consensos que durante décadas parecían consolidados.

La memoria está en juego

En Alemania, esa batalla tiene una particular intensidad porque pone en juego la manera en que el país procesa uno de los capítulos más traumáticos de su historia. El avance de la AfD obliga a discutir hasta qué punto la cultura puede funcionar como una barrera frente a la normalización de discursos de ultraderecha y qué sucede cuando esos discursos intentan transformar no sólo la política, sino también la memoria colectiva.

La discusión, en definitiva, excede los presupuestos destinados a museos, teatros o universidades. Lo que está en disputa es quién tiene la capacidad de definir qué merece ser recordado, qué valores deben ser transmitidos y qué relato sobre una sociedad ocupará el centro de su cultura.

El próximo gran test electoral para esta disputa será la elección del Bundestag prevista para la primavera de 2029. La última elección, celebrada el 23 de febrero de 2025, convirtió a la AfD en la segunda fuerza del Parlamento, con el 20,8% de los votos y 152 bancas. Hasta entonces, la batalla por la cultura continuará siendo también una batalla por el sentido político de la Alemania que se prepara para su próximo ciclo electoral.

Agencia NA



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