Blair House: el lujoso refugio diplomático donde se hospedará Javier Milei en Washington
En el corazón de Washington, a pocos pasos de la Casa Blanca, se encuentra Blair House, la residencia oficial de huéspedes del presidente de Estados Unidos. Esta mansión, formada por cuatro casas adosadas del siglo XIX, ha sido el refugio discreto para líderes mundiales desde 1942, combinando hospitalidad de lujo con una seguridad inquebrantable.
Cuando el presidente argentino, Javier Milei, llegue a la capital estadounidense para reuniones diplomáticas clave, se hospedará en este complejo de más de 120 habitaciones, un espacio repleto de antigüedades, porcelanas y retratos que narran la grandeza de la historia americana.
Blair House no es solo un alojamiento; es un escenario donde se han forjado alianzas, firmado tratados y vivido momentos de tensión global.
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Para Milei, cuya agenda incluye encuentros con altos funcionarios y discusiones sobre comercio y migración, esta mansión representa un gesto de prestigio diplomático. Su historia y su interior, preservados con esmero, convierten a Blair House en un símbolo de poder y elegancia.
Trump recibirá a su par argentino para conversar en la Casa Blanca el 14 de octubre, impulsando aún más a su aliado después del anuncio de un paquete de rescate estadounidense de miles de millones de dólares. La reunión tendrá lugar dos semanas antes de las esperadas elecciones de mitad de período en Argentina, que podrían obstaculizar la agenda de reformas de Milei.

La historia de Blair House, entrelazada con el poder
Blair House comenzó en 1824, cuando Joseph Lovell, cirujano general del Ejército de EE.UU., construyó la estructura original en un terreno entonces vacío frente a la Casa Blanca. En 1837, Francis Preston Blair, editor de periódicos y asesor cercano del presidente Andrew Jackson, compró la propiedad por 6.500 dólares.
Bajo los Blair, la casa se convirtió en un centro político: presidentes como Jackson, Martin Van Buren, Abraham Lincoln y William Howard Taft debatieron estrategias en sus salones. Lincoln, en particular, visitaba con frecuencia a Blair para discutir la Guerra Civil, impregnando la mansión de un aura histórica.
Durante la Gran Depresión, los Blair, con problemas financieros, alquilaron la casa al gobierno federal. En 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, el Congreso la adquirió por 142.000 dólares, incluyendo su valiosa colección de muebles y arte, para convertirla en la residencia oficial de huéspedes. Así nació un espacio seguro para dignatarios aliados, lejos del bullicio de los hoteles.

Un episodio dramático ocurrió en 1950, cuando el presidente Harry S. Truman vivía allí durante la renovación de la Casa Blanca. Dos nacionalistas puertorriqueños intentaron asesinarlo en un tiroteo que dejó tres muertos, un suceso que marcó la historia del lugar. Truman residió en Blair House casi cuatro años, usando su biblioteca como oficina.
Desde entonces, la mansión sufrió renovaciones significativas: en 1964, donantes privados financiaron una modernización con aire acondicionado y muebles isabelinos; en los 80, una restauración de 12,6 millones de dólares revitalizó los interiores con sedas y tapices. Hoy, mantenida por donaciones privadas, cuenta con ventanas a prueba de balas y un personal de 11 miembros siempre alerta.

Un interior que combina lujo e historia
Blair House, con sus 6.50 m2, es un laberinto de elegancia. Las cuatro casas unidas, incluyendo Lee House, ofrecen 15 habitaciones de huéspedes, cuatro comedores, 35 baños y salones que mezclan el estilo federal con toques victorianos. Su diseño evoca una gran casa familiar, con muebles británicos y americanos del siglo XVIII, porcelanas finas, candelabros de cristal y pinturas que narran la historia de Estados Unidos.
El corazón de la mansión es la “Queen’s Suite”, en el segundo piso, decorada con antigüedades regias, telas lujosas y un dosel de seda, reservada para jefes de Estado. La “Principal Suite”, usada por presidentes electos como Barack Obama en 2009 o Donald Trump en 2017, incluye dos dormitorios, dos baños, un salón y dos chimeneas, con espejos antiguos y textiles suaves.

El “Lee Drawing Room” destaca por su papel tapiz chino pintado a mano del siglo XVIII, acompañado de retratos presidenciales. La biblioteca, con un retrato de Daniel Webster y candelabros de plata, recuerda las noches de Truman, mientras que el Lincoln Room, con un retrato de 1864 y una jarra de Paul Revere, es ideal para reflexiones históricas.
Las comodidades modernas no desentonan: servicio de habitaciones 24 horas, salón de belleza, gimnasio, lavandería interna y un jardín privado para recepciones. El comedor principal, con cubiertos de plata Tiffany y bordados hechos por esposas de gabinete en los 60, ha sido escenario de cenas que sellaron acuerdos. Como dijo Capricia Marshall, exjefa de protocolo, es un lugar «acogedor y hermoso» que cuenta la grandeza de EEUU.
Invitados ilustres en Blair House: de la reina Isabel II a Nikita Khrushchev
Blair House ha acogido a figuras legendarias. La reina Isabel II de Inglaterra se hospedó allí en varias visitas, disfrutando de su privacidad para reuniones con presidentes. Líderes como Nikita Khrushchev (URSS, 1959) y Winston Churchill (Reino Unido, 1940s) negociaron allí durante la Guerra Fría, con Churchill incluso buscando a Franklin D. Roosevelt de noche. En décadas recientes, Menachem Begin (Israel, 1979), Deng Xiaoping (China, 1979) y Masayoshi Ohira (Japón, 1979) firmaron pactos históricos en sus salones.

Los presidentes electos también dejaron su marca: desde Jimmy Carter (1976), que inició la tradición, hasta Joe Biden (2020) y Donald Trump (2016), todos pasaron su víspera inaugural en Blair House, firmando el libro de huéspedes en el “Rear Drawing Room”, un ritual con cientos de firmas de líderes. Kamala Harris vivió en Blair House en 2021 durante reparaciones en su residencia oficial y la ex primera dama Nancy Reagan se hospedó allí en 2004, para el funeral de su esposo.
ds



