Así nació la bestia: el día que Cisneros quemó La Gaceta y sentó las bases de un poder que hoy es incontrolable

Así nació la bestia: el día que Cisneros quemó La Gaceta y sentó las bases de un poder que hoy es incontrolable

El ataque criminal contra La Gaceta no fue un simple conflicto gremial, ni un episodio aislado. Fue una operación de censura brutal, diseñada desde los sótanos del poder político y ejecutada por la estructura mafiosa que ya operaba en Tucumán. Aquel 28 de mayo del año 2000 no solo se quemaron diarios: se fundó el sistema de impunidad que hoy sigue intacto.

Según reveló el entonces ministro fiscal Ricardo Falú a La Nación, la investigación determinó que el saqueo y la quema de la edición dominical en el microcentro fue organizado por un expolicía que contrató remises de la empresa Cinco Estrellas, propiedad de la familia Ale, conocida por su historial de violencia, extorsión y vínculos políticos.

Cisneros: el nexo entre la política, la mafia y el sindicalismo

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Falú señaló que el expolicía responsable de la logística tenía relación directa con Carlos Cisneros, por entonces vicepresidente de la Caja Popular de Ahorros, dirigente de La Bancaria y de la CGT local. Cisneros —hoy diputado nacional— ya era la figura que articulaba al gobierno de Julio Miranda con sectores sindicales adictos y grupos mafiosos enquistados en la provincia.

Aunque en aquel momento el gobierno provincial intentó despegarse del hecho, para Falú el ataque fue un atentado directo a la libertad de prensa que puso en riesgo la paz social.

Los ejecutores: “La Chancha” Ale, Ureña y el aparato mafioso

El operativo desplegó una violencia inusitada que se extendió durante doce horas. Grupos armados tomaron por asalto los ocho puestos de distribución del diario, robaron ejemplares, los quemaron en plena calle, persiguieron a los canillitas y hasta intimidaron a los lectores. Falú definió el ataque como “planificado en detalle, con logística y un alto costo de movilidad”.

En el centro de la escena aparecían dos nombres clave de la historia criminal tucumana:

  • Rubén “La Chancha” Ale: ya había pasado por prisión por explotación de prostíbulos, aprietes, control del juego clandestino y era sospechoso de asesinatos de policías. Representaba la mafia con cobertura política.
  • Rubén “Sopa e’ chancho” Ureña: un operador con supuestas vinculaciones directas en ámbitos judiciales.

La complicidad policial: la llave de la impunidad

La pasividad del Estado fue decisiva para que el ataque se consumara. Falú no tuvo medias tintas al señalar el rol de las fuerzas de seguridad:
“La pasividad policial ha sido delictiva”.
Una frase que dejaba entrever que la investigación podía alcanzar a sectores de la propia institución policial.

El origen de un poder incontrolable

En ese ecosistema de bandas armadas, complicidad estatal y el sindicalista Carlos Cisneros como articulador político, se consolidó una red de poder que todavía hoy parece intocable.

La quema de La Gaceta no fue un hecho aislado: fue el acto fundacional de una estructura de impunidad que, desde el año 2000, creció, se expandió y terminó convirtiéndose en lo que es hoy: una bestia política y mafiosa imposible de frenar.

Fuente: LA NACION 1 DE JUNIO DE 2000

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