Marcelo Toledo inauguró «El fluir del tiempo» en el Museo del Agua, una muestra que conecta arte, naturaleza y saberes ancestrales
Así es «El Fuir del tiempo» de Marcelo Toledo
La exhibición propone un recorrido profundo y sensible por la riqueza cultural de América Latina, un territorio simbólico donde conviven tradiciones, materiales y saberes que atraviesan generaciones. Fiel a su impronta, Marcelo Toledo continúa explorando la relación entre lo humano y lo no humano a través de obras que combinan técnicas ancestrales y una mirada contemporánea.
Entre las piezas se destacan máscaras realizadas en plata y cobre, trabajadas con técnicas textiles a partir de fibra natural de chaguar —planta autóctona del noreste argentino— elaboradas por la comunidad Wichi. A estas se suman lienzos de gran formato y tejidos metálicos que incorporan cobre y bronce, materiales profundamente ligados a la tierra, a los tiempos pretéritos y a los conocimientos que permitieron a la humanidad vincularse con su entorno.
En cada obra se percibe una energía latente: fuerzas humanas y naturales que permanecen vibrantes, intactas, aun cuando el tiempo avanza. Esa idea atraviesa toda la muestra y se potencia en una de las intervenciones más impactantes: la realizada sobre el tanque de agua del Museo. Allí, Toledo creó una instalación que narra el paso del agua a través de las distintas estaciones del año, poniendo en valor los matices del ciclo vital y la sabiduría transformadora del agua dentro de un ámbito profundamente ecológico.
“Uno aprende mucho sobre el comportamiento del ser humano al reconectarse con lo esencial”, reflexiona el artista. “Mi obra busca tender un puente, a través de un enfoque que honra las tradiciones indígenas, en esta vida que fluye, avanza y nos transforma a través de la belleza de sus procesos”, resaltó Toledo.
El rol de Rodrigo Alonso en la muestra de Marcelo Toledo
Desde la curaduría, Rodrigo Alonso acompaña y amplifica ese concepto. Describe el universo visual de Toledo como un espacio de formas seductoras y mutantes, donde conviven referencias a estructuras orgánicas, prácticas ancestrales y ciclos naturales. Tejidos, tramas y materiales que activan memorias culturales profundas y generan un diálogo constante con el entorno.
La muestra también juega con contrastes: lo duro y lo blando, lo pesado y lo etéreo, lo natural y lo artificial. Las mallas metálicas se enfrentan a la suavidad de los tejidos; las figuras suspendidas dialogan con las formas que caen. Todo convive en tensión, recordando que incluso en lo que parece inerte hay energía, movimiento y vitalidad.
El fluir del tiempo de Marcelo Toledo no es solo una exposición: es una invitación a detenerse, a observar y a reconectarse con aquello que persiste más allá de la velocidad contemporánea.
AM
