Quién es la madrastra que Valentín Yankelevich mencionó en la denuncia por maltrato hacia su padre
Todo ocurrió tras el fallecimiento de su madre Romina Yan, el 28 de septiembre de 2010. No solo tuvo que soportar la pérdida de su madre siendo un niño sino que dentro de su casa, tanto él como sus hermanos Franco y Azul, fueron testigos de la violencia que se desencadenó en su progenitor. Desde golpes, maltrato verbal y psicológico, humillaciones, el joven relató cómo se vivía dentro del seno familiar y cómo hubo cómplices en estos episodios.
Durante la entrevista con Tatiana Schapiro, Valentín recordó a su madrastra Miren Algañarás, con quien Giordano tuvo un hijo más. Si bien la mujer estaba presente en el hogar y cumplía su rol de esposa, no garantizó el bienestar de los menores que estaban a su cuidado. Al contrario, acompañaba con un silencio que no tuvo la intención de solucionar el drama. «Ahí fue cuando todo se desmadró, por no decir otra cosa. Creo que ahí empezaron los primeros hechos de violencia física, nos habremos ido al año que falleció mi mamá. El maltrato fue constante», expresó.
Aunque la pareja parecía ser normal puertas para afuera, la realidad era muy diferente. «Yo sentía que no servía para nada, dicho por sus palabras, “vos no vas a hacer nunca nada en tu vida, no servís para nada”. 9 años, un nene que acaba de perder a su mamá. Todo estaba mal. No había nada bien, nada. Y después él hacía los asados en la familia y se vendía como el padre de diez, el mejor padre del mundo«, recordó el joven.

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Alejada del ambiente mediático, Miren se caracterizó siempre por tener un bajo perfil, enfocada en el rubro gastronómico y sus proyectos personales. La chef desarrolló su carrera en un restaurante de Palermo y utilizaba sus redes sociales para compartir todo lo referido a lo culinario. Durante la entrevista con Schapiro, Valentín apenas la recuerda como una segunda madre ya que sus memorias solo están asociadas a un terrible dolor.
Lo que se vivía en la casa de los Yankelevich no era para nada sano para unos menores que acababan de perder a su mamá pero la violencia ya estaba completamente naturalizada. Mientras que Miren hacía oídos sordos a los maltratos que los niños sufrían diariamente. «No había lugar seguro. Por eso lo tuvimos que salir a buscar. Era un agujero negro«, recordó Valentín.


