Cómo es la casa donde vivió el Indio Solari: privacidad absoluta

Cómo es la casa donde vivió el Indio Solari: privacidad absoluta


La muerte de Carlos «El Indio» Solari conmocionó al mundo de la música y generó una gran tristeza entre colegas, amigos y seguidores. El líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota -junto al guitarrista Skay Beilinson-, había elegido la extrema privacidad y la naturaleza

¿Cómo es la casa donde vivió el Indio Solari?

El músico había elegido para vivir una zona residencial en Parque Leloir destacada por su entorno natural y tranquilidad, alejado de las cámaras y de los curiosos.

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Desde afuera, la propiedad era prácticamente invisible. Árboles y vegetación abundante rodean el perímetro completo y actuan como una barrera natural que impide ver cualquier detalle desde la calle. 

Casa del Indio Solari

Prácticamente no había manera de saber que detrás de ese verde vivía uno de los artistas más convocantes de la historia del rock nacional y esa era la idea.

El diseño de la casa respondía a una lógica que el propio Indio resumió en más de una entrevista: «Estoy prácticamente encerrado en casa, no me llevo muy bien con las ‘gentes’. Se debe al personaje, es muy difícil hacerse cargo del cariño de miles«.

Para alguien que se cansó de movilizar miles de personas a sus recitales pero que necesitaba del anonimato para respirar, la casa era ideal.

Casa del Indio Solari

¿Qué había dentro de la casa del Indio Solari?

El corazón de la propiedad era Luzbola, el estudio de grabación que el Indio tenía en la planta baja y al que le dedicó años de trabajo.

Ahí grabó y ensayó con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y compuso en silencio mientras el mundo de afuera lo esperaba con ansias.

Casa del Indio Solari

Uno de los detalles más curiosos que trascendieron sobre el interior era la discoteca personal del Indio: según contaron quienes tuvieron acceso a la casa, en esa sala no había ni un solo disco propio. Un espacio reservado exclusivamente para escuchar artistas de prácticamente todos los estilos, desconectarse de su propia obra y disfrutar la música.

El amplio jardín completaba el cuadro con piscina y quincho, espacios que usaba tanto para el descanso como para estar con sus perros, ovejeros alemanes a los que tenía una devoción particular.

«Yo quiero un boludo que me dé pelota, que lo llame y venga, que ladren si hay alguien. Por eso me gustan los perros y me gustan mucho los ovejeros«, había contado en una entrevista.

Casa del Indio Solari

El sistema de seguridad de la mansión era uno de los más avanzados del país. Cámaras, sensores y guardia las 24 horas no solo para impedir el ingreso de algún ladrón, sino también para evitar que algún fanático tuviera la mala idea de ingresar para llegar hasta él.

Las contadas veces que salía, lo hacía bastante camuflado. Gorras, anteojos oscuros, bufandas, lo que fuera para pasar desapercibido.

El único lugar donde el Indio podía hacer vida urbana sin ese peso de la popularidad era Nueva York, ciudad donde tenía un departamento y podía perderse entre la muchedumbre rodeado de extraños.

«Yo extraño Nueva York en vez de extrañar Buenos Aires, porque donde puedo ir a hacer vida urbana con mi mujer y mi hijo es ahí, si no me vuelven loco«, confesó al respecto.

Casa del Indio Solari

En esa casa de Parque Leloir, rodeado de árboles, ovejeros alemanes y el silencio que él mismo eligió, el Indio Solari vivió sus últimos años. 





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