Rodrigo de la Serna y Belén Francese: el amor que nació en los Martín Fierro
Por si fuera poco, Rodrigo de la Serna y Belén Francese mantenían un amorío.
Sí, es mucha información junta para un par de párrafos. Recapitulemos.
De la Serna tenía por entonces 36 años y se había separado de Érica Rivas un tiempo antes, luego de una larga relación y una hija en común. En el 2011 se había lucido en El Puntero, por El Trece, a diez años de irrumpir en la consideración general con su papel en Okupas: era un actor tan talentoso como consagradísimo. En ese momento hacía teatro: Lluvia constante, con Joaquín Furriel.

Con 29 años, Francese era más joven que Rodrigo (lo sigue siendo, claro). Y como él, venía de terminar una relación sentimental de casi una década. Primero promotora, luego modelo, de a poco se fue abriendo camino hasta que, en pleno auge del teatro de revista, terminó siendo una de las vedettes más importantes. Figura requerida por Marcelo Tinelli para ShowMatch, había publicado un libro con sus célebres arrimas. Era actriz como De la Serna, pero no contaba con su prestigio. Y ese año también hacía teatro: la obra se llamaba Cuatro colas y un funeral.

En ese 2012, APTRA nominó a Rodrigo a los Martín Fierro en la categoría mejor actor de unitario y/o miniserie. Perdió con su compañero en El Puntero: Julio Chávez. No del todo decepcionado por quedarse sin estatuilla, en una pausa de la ceremonia en el Hotel Hilton, decidió ir al baño. Y al salir, en un pasillo se cruzó con Belén Francese, que había sido invitada a la ceremonia.
Hubo un saludo, como tantos esa noche. Pero no fue uno más: casi como si se tratara de una escena propia de un boliche, los dos terminaron hablando casi al oído, en el resguardo de la penumbra del lugar
El paso de los minutos y el tono de la conversación habían propiciado reducir la distancia inicial. Hasta que Belén y Rodrigo se enredaron en un abrazo, en un beso en la mejilla y en unas palabras de despedida con —según leyeron los testigos— la promesa de un posterior reencuentro. Cada uno se fue por su lado, pero con la misma sonrisa, esquivando a la prensa y evitando dar mayores precisiones.

Luego Francese contaría que se acercó a felicitarlo por su papel en El Puntero. Pero juró y perjuró que no pasó más que esa charla. Dijo también que nunca antes lo había visto, aunque la actriz Sandra Villarruel, compañera suya en el teatro, reveló que los elencos habían coincidido semanas atrás en San Juan.
«¿Cómo voy a tener una relación con alguien que no conozco?— le diría Belén a Paparazzi días después, consultada sobre el acercamiento con De la Serna—. Me sentí mal porque me pusieron en un lugar que no me gustó. ¿Si me encaró? ¡No te voy a decir eso! Que sigan volando con la imaginación».
Aquella escena de Belén y Rodrigo en el Hilton sorprendió a todos los prejuiciosos que no entienden que el amor, la pasión, la química o la afinidad —como usted prefiera definirlo— no se fijan en ciertas cuestiones o etiquetas. Simplemente sucede. Así fue con el encuentro que protagonizaron Francese y De la Serna, aunque nunca más se repitió. O al menos, nunca se supo. Pero que sin dudas habría merecido un Martín Fierro en la categoría mejor crossover romántico.


