Transporte en Tucumán: subsidios, promesas y un sistema al borde del colapso
Una vez más, el Gobierno de Tucumán y la Municipalidad de San Miguel de Tucumán vuelven a recorrer el mismo camino: anunciar millonarios subsidios al transporte público con promesas de mejoras que, en los hechos, nunca llegan.
El vecino, el contribuyente que paga sus impuestos, vuelve a ser el gran perjudicado. Viaja mal, espera más, paga cada vez más caro y, encima, debe escuchar que ahora sí, esta vez, el sistema va a mejorar. Pero no mejora. Nunca mejora.
El transporte público en Tucumán no está en crisis desde ayer. Hace tiempo que tiene una sentencia de muerte anunciada, sostenida por parches, subsidios y excusas. Mientras tanto, los usuarios se sienten rehenes de un servicio deficiente, irregular y cada vez más caro.
Del lado empresarial, el discurso tampoco cambia: que el sistema está colapsado, que los costos no cierran, que las aplicaciones, que las calles, que la coyuntura. Siempre hay un responsable externo. Lo que no cambia es que siguen recibiendo fondos públicos mientras el servicio continúa deteriorándose.
Y del lado del poder político, la respuesta es más de lo mismo: más dinero, más promesas y cero soluciones estructurales. No hay planificación de fondo, no hay control real, no hay exigencias concretas. Solo una rueda que gira y beneficia a los mismos de siempre.
Mientras tanto, se vuelve a instalar la discusión sobre un nuevo aumento del boleto, con argumentos que ya no convencen a nadie. El usuario paga más por un servicio que vale menos.
La sensación es clara: el Gobierno se burla del ciudadano. Ignora los reclamos, minimiza el malestar y sostiene un sistema que hace tiempo dejó de funcionar como debería.
Basta de parches. Basta de excusas.
Es hora de decirlo con claridad: el transporte público en Tucumán necesita una solución real, no otro anuncio más.

