Enrique Shaw: el empresario argentino que será beatificado por la Iglesia Católica

Enrique Shaw: el empresario argentino que será beatificado por la Iglesia Católica

Un laico comprometido con su tiempo

Nacido el 26 de febrero de 1921 en París y criado en la Argentina, Enrique Shaw desarrolló una intensa vida profesional y espiritual. Tras su paso por la Marina Argentina, orientó su vocación al ámbito empresarial, donde buscó integrar de manera coherente su fe cristiana con la actividad económica.

Fue director y alto ejecutivo de Cristalerías Rigolleau, una de las empresas industriales más importantes del país en el siglo XX. Desde allí impulsó una concepción profundamente humana de la empresa, promoviendo condiciones laborales justas, el salario familiar, la capacitación permanente de los trabajadores y el diálogo social, en una época en la que estas prácticas no eran habituales.

Un empresario al servicio del bien común

Shaw entendía la empresa como una comunidad de personas y no solo como una estructura productiva. Su gestión en Cristalerías Rigolleau estuvo marcada por el respeto a la dignidad del trabajador y por la convicción de que el desarrollo económico debía estar al servicio del bien común.

Padre de nueve hijos, participó activamente en la Acción Católica y fue fundador y primer presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), desde donde promovió una ética empresarial inspirada en el Evangelio.

El reconocimiento de la Iglesia

El Vaticano reconoció un milagro atribuido a su intercesión, paso decisivo para su beatificación. Se trata de la curación inexplicable de un niño que había sufrido una grave lesión, un hecho que fue evaluado por comisiones médicas y teológicas.

Con este reconocimiento, Enrique Shaw se convierte en uno de los primeros empresarios contemporáneos en ser beatificado, y en un modelo para quienes buscan vivir la fe cristiana en el ámbito profesional.

Un legado vigente

La figura de Shaw vuelve a poner en el centro del debate el rol social del empresariado y la necesidad de una economía con rostro humano. Su vida demuestra que es posible conciliar fe, trabajo y compromiso social, dejando un legado que trasciende generaciones y fronteras.

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