Luciano Pereyra se sinceró sobre su enfermedad: “Estuve al borde de la muerte”
La odisea comenzó cuando un divertículo en su esófago derivó en complicaciones que terminaron afectando sus pulmones, lo que lo obligó a pasar 35 días internado y 10 de ellos en coma farmacológico. El diagnóstico, las cirugías, la agonía: todo pareció conspirar para que ese fuera su final. Luciano lo dijo sin vueltas: sintió que estuvo al filo. Pero del dolor nació una canción. En uno de los momentos más bajos, escribió Tu Mano, una canción que hoy representa su gratitud a la vida, a la familia, a los amigos y a la solidaridad de quienes rezaron por él.
Luciano Pereyra y el origen de «Tu Mano»
“Era la mano de Dios en las manos de mis padres, de mi hermano, de mis amigos del corazón”, contó, al hablar de ese momento. Y cuando la interpreta en sus shows, observa cómo el público se toma de las ma nos: “Gente que ni se conoce”, dijo, movilizado. Si bien después de semejante experiencia, muchos hubieran bajado el micrófono. Luciano no lo hizo. Aunque en un momento no quería saber nada con volver a cantar, la música volvió a convocarlo.
Él mismo admitió que no hablaba de tiempos: simplemente, la música lo llamó de vuelta. Esa llamada fue más fuerte que el miedo, que las dudas, que la enfermedad. El artista recogió su historia con humildad: recordó los días de internación, el aislamiento, las máquinas, las manos de quienes lo acompañaron. “Por momentos no tenía ganas de vivir”, llegó a confesar en entrevistas pasadas. Pero también recordó la mano de su “hermana del corazón”, la contención, las oraciones, los mensajes, los apoyos. Esa red de afectos, dice, fue tan decisiva como la medicina.
Luciano Pereyra y un mensaje de esperanza: la vida después del caos
Hoy, cada vez que sube a un escenario, Luciano lleva consigo esa cicatriz invisible, pero real, que cambió su vida. La canción “Tu Mano” no es sólo una canción: es un símbolo de recuperación, de gratitud, de que la luz puede volver después de la nada. Cuando la canta, observa al público: los ve tomarse de las manos, compartir ese momento de comunión, de emoción colectiva. En su relato, Luciano dejó algo más que su historia: dejó una certeza. Que la vida puede dar un giro inesperado, que todo puede quebrarse, pero también rehacerse. Que a veces lo que más duele es lo que también termina salvándonos. Y que la música, cuando está impregnada de sinceridad, puede ser ese puente.

