José Valosen recordó sus inicios: “Empecé de mantero vendiendo remeras en la calle”
Los primeros pasos de José Valosen: vender en la calle y aprender a mirar
“Yo empecé de mantero vendiendo remeras en la calle”, recordó Valosen, sin romanticismos ni vergüenzas; con la naturalidad de quien entiende que esas vivencias forjaron su carácter y su ética de trabajo. Junto a dos amigos, Rafael y Yayo, pintaban las remeras a mano y las ofrecían en la vereda, aprendiendo a leer la mirada del público. Ese contacto directo con la gente fue su primera escuela de observación.
Para él, aquellos días también tuvieron un sentido más profundo. Le enseñaron a valorar el esfuerzo, la creatividad y la importancia de sostener un proyecto incluso cuando no hay garantías. “Digo mantero porque literalmente trabajábamos así”, agregó, subrayando que ese origen humilde fue el que lo obligó a ser constante. Y con el tiempo entendió que cada remera pintada era un pequeño ensayo de todo lo que vendría después.
José Valosen: “Siempre les digo lo mismo: soñá tu vestido”
Hoy, con una trayectoria consolidada, sigue defendiendo la idea de que el oficio no crece sin un anhelo claro. “Para trabajar en esta industria tenés que tener un sueño
En su atelier actual trabaja con personas jóvenes, especialmente con recién recibidas o que aún cursan en la universidad. Las guía, las acompaña y trata de transmitirles la misma llama que él recibió cuando todo empezaba. “Siempre les digo lo mismo: soñá tu vestido”, contó, seguro de que la creatividad nace antes que cualquier técnica. Para Valosen, el sueño es el primer molde, la primera costura y la primera decisión estética.
Con su historia como ejemplo, Valosen demuestró que el origen no determina el techo, pero sí la sensibilidad. Asegura que todo lo que aprendió vendiendo en la calle hoy se traduce en un vínculo más empático con sus clientes. Observa, escucha y respeta, porque sabe que detrás de cada prenda hay una intención emocional. Y confirmó que, incluso ahora, sigue trabajando guiado por la idea que lo sostuvo desde el principio: el sueño siempre va primero.

